Una
bella maestra de suéter color lila pasa lista a sus alumnos en el
salón de clases. Sonríe. Está sentada en una silla que se
encuentra detrás de un robusto escritorio de madera. A sus espaldas
hay un pizarrón en el que se han dibujado con gis operaciones
matemáticas, una pequeña biblioteca y gran cantidad de materiales
de apoyo escolar, incluido un globo terráqueo.
Frente
a ella, en orden, vestidos con sus uniformes escolares, se encuentra
un pequeño grupo de niños de no más de seis años de edad, que
responden diligentemente a su nombre. Sus pupitres, también de
madera, parecen nuevos.
Los
estudiantes tienen nombres de héroes. Se llaman Josefa Ortiz, Miguel
Hidalgo, Leona Vicario, Benito Juárez. Al ser nombrados, responden
¡presente!
Mientras,
una voz en off
explica:
Para
que todos nuestros niños tengan la posibilidad de convertirse en
grandes mexicanos, partidos políticos, legisladores y el gobierno de
la República ponen en marcha la reforma educativa. Un gran paso para
mover a México. Mejor educación pública, mejores mexicanos. Pacto
por México.
El
espot, transmitido una y mil veces en la televisión abierta y en la
radio durante 2013, fue uno de las decenas de promocionales
difundidos para vender la reforma educativa como si fuera golosina,
producto de belleza o manual de autoyuda. Fue parte de una
apabullante campaña de medios que incluyó la divulgación de
comerciales disfrazados de información, opiniones de expertos
y una avalancha de propaganda negativa contra quienes se oponen a la
nueva norma. La campaña en favor de la reforma y contra sus
detractores ha durado ya más de tres años y medio, sin que se haya
detenido un solo día.
Pese
a ello, los mexicanos que tienen una opinión negativa de la reforma
educativa son más que los que la apoyan. Según el sondeo de GEA
titulado México:
política, sociedad y cambio;
escenarios
de gobernabilida
d,
publicado el 21 de septiembre pasado, 47 por ciento de los
encuestados está en desacuerdo con esta reforma, contra 43 por
ciento que la apoya.
Por
donde se vea, es un enorme descalabro al gobierno federal en lo
general y del secretario Aurelio Nuño en lo particular. En marzo de
2016, el porcentaje de aprobación era mucho mayor que ahora: 61 por
ciento. En cuatro escasos meses, el apoyo a la norma cayó 18 puntos
porcentuales. El aval que la reforma tiene ahora es el más bajo
desde diciembre de 2013.
La
campaña del gobierno en favor de la reforma ha estado acompañada de
una incesante guerra de lodo contra la CNTE. Se ha difundido una
imagen de los maestros que la integran en la que éstos son
profesionales desobligados y abusivos, que compraron o heredaron sus
plazas, culpables no sólo de los grandes problemas educativos, sino
también de los nacionales. Se ha hecho una caricatura de sus
dirigentes presentándolos como líderes inescrupulosos y corruptos,
que se oponen a la reforma porque afecta sus intereses y negocios.
Estas mentiras se han machacado una y otra vez en artículos de
opinión, reportajes supuestamente objetivos
y filtraciones en columnas periodísticas.
Incluso
se han hecho montajes en los que supuestos maestros (en realidad
vendedores ambulantes disfrazados) rapan por la fuerza a maestras que
apoyan
la reforma (en uno de los casos, una periodista que se hace pasar por
profesora).
Esta
campaña de odio contra la CNTE también ha fracasado. Según el
sondeo de GEA, 40 por ciento de la población tiene una buena opinión
de la coordinadora, y 7 por ciento muy buena, contra 24 por ciento
que la desaprueban y 17 por ciento que tiene un parecer muy malo.
El
fracaso de la estrategia gubernamental es un triunfo de la CNTE. Los
124 días de paro de la coordinadora por la abrogación de la reforma
educativa, iniciados el pasado 15 de mayo, lograron que, a pesar de
tener todo en contra, la opinión pública desapruebe
mayoritariamente la reforma y tenga una opinión mayoritariamente
favorable de su movimiento.
La
jornada de lucha de la coordinadora puso en el centro de la agenda
política nacional el rechazo a la reforma educativa. Un estudio de
17 periódicos nacionales muestra que, entre el 1º de abril y el 30
de septiembre de este año, el tema que mereció más ocho columnas
fue el de educación: 580 princesas,
equivalentes a 20.4 por ciento del total. Esto, a pesar de que en
abril (cuando todavía no empezaba el paro indefinido) el tema
educativo ocupaba apenas el octavo lugar en primeras planas.
Para
Aurelio Nuño, el resultado es catastrófico. Él quiso hacer de su
política de mano dura hacia los maestros el centro de su campaña
para obtener la nominación a la candidatura a la Presidencia por el
PRI. Fracasó. Hoy nadie apuesta un centavo en favor de él.
Por
el contrario, aunque provocó el enojo de los sectores empresariales
más duros, la negociación con la CNTE permitió al secretario de
Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, seguir con vida en su
carrera presidencial.
El
naufragio político de Nuño y la sobrevivencia de Osorio Chong no
fueron resultado de una decisión política de la CNTE. Los maestros
luchan por resolver sus demandas, no por quitar o poner funcionarios.
La coordinadora no apoya a ningún político en su aspiración por
ser candidato presidencial. Pero la actitud de esos funcionarios ante
la inconformidad magisterial tuvo consecuencias para ellos.
Tocado,
el secretario de Educación ha vuelto a la carga. Quiere venganza.
Está decidido a hacer uso de la represión y la política de miedo.
Despidió a 21 profesores de primaria de la Ciudad de México que
participaron en las protestas magisteriales entre el 5 y el 14 de
julio pasados. Se trata de cinco maestros de la escuela Ricardo
Flores Magón, cuatro docentes de la López Portillo; 11 profesores
de la Leonardo Bravo, y una maestra de la Alfredo E. Uruchurtu. Se
trata de un escarmiento, pues en los paros participaron miles de
docentes. Por lo visto, la venganza del secretario es reavivar el
conflicto.






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