miércoles, 27 de julio de 2016

Los luminosos soldados de la civilización

                                         

El actual conflicto magisterial es un hecho inédito en la historia de los movimientos sociales en México. Y, aunque su principal promotor, la CNTE, tiene casi 37 años de vida y ha realizado múltiples jornadas de lucha, la oleada de protestas iniciada el pasado 15 de mayo no se parece a ninguna anterior.
Por principio de cuentas, su novedad radica en que, en varios estados, se ha convertido en un movimiento magisterial-popular de largo aliento. Una gran diversidad de actores sociales no sólo acompañan a los educadores en su lucha, sino que, además, están expresando su propio descontento junto a ellos. Coinciden con los profesores en su oposición a la reforma educativa y en la defensa de la educación pública, pero, además, suman a estas reivindicaciones las iras acumuladas que fermentaban hasta ahora en silencio.
                                            

Esta convergencia va más allá de los padres de familia organizados. Los maestros de la coordinadora han encontrado aliados inesperados a su causa. Una parte de la jerarquía de la Iglesia católica no sólo insiste en que se necesita una salida negociada al conflicto; también brinda su apoyo directo a los docentes. Con menos reflectores, pero con gran eficacia, una multitud de iglesias protestantes visitan los plantones de los profesores, les llevan víveres y les brindan palabras de estímulo.
Al movimiento se han sumado también presidentes municipales y autoridades agrarias, los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, estudiantes, artistas, académicos de universidades especializados en educación, trabajadores del sector salud, sindicalistas, intelectuales y hasta pequeños empresarios. El EZLN donó a los maestros los alimentos que había acopiado para la realización de CompArte y ha buscado dar visibilidad y animar el movimiento. Morena convocó a una movilización nacional en apoyo de los educadores.
En multitud de localidades rurales y en barrios pobres de grandes ciudades los padres de familia han rebasado a los maestros de sus hijos. Se han puesto al frente de la lucha, cerrado escuelas, enfrentado a las autoridades y leído la cartilla a los trabajadores de la educación temerosos de suspender actividades.
                                                 

Otro aspecto relevante de la novedad del movimiento es su radicalidad y su confrontación directa con el mundo patronal. La derecha empresarial convirtió la educación pública en territorio de una guerra de clase abierta. Al humillar, ofender y denostar a los maestros (incluso con insultos racistas) abrió una verdadera caja de Pandora.
Los profesores han respondido golpeando los intereses patronales con grandes bloqueos humanos en carreteras, vías de ferrocarril, sucursales bancarias y grandes centros comerciales, que estrangulan transacciones financieras, comerciales y el tránsito de mercancías.
Los bloqueos de la CNTE han paralizado la actividad de buques y trenes. En Michoacán, durante 10 días han impedido la circulación de productos, particularmente de autopartes para abastecer a los armadores del norte del país y a Estados Unidos. Han infartado la arteria aorta que alimenta y oxigena al polo de desarrollo industrial más dinámico del país, enclavado en el Bajío: la ferroviaria Kansas City Southern de México, que conecta el puerto de Lázaro Cárdenas con Laredo, Texas. Lázaro Cárdenas es el segundo fondeadero más importante en el movimiento de contenedores en el litoral del Pacífico y es, además, la principal puerta de entrada para el tráfico automotor proveniente de Asia.
                                                            

Los maestros han puesto en práctica una versión renovada de la guerra de la pulga, de acoso constante y ofensivas fulminantes. Han respondido a las acometidas paquidérmicas del gobierno con una capacidad felina de movilización. Nunca se quedan quietos. Sus protestas se realizan simultáneamente, golpeando diversos flancos, de un lado a otro, con determinación y rapidez. Ejemplo de ello son las protestas simultáneas en 57 puntos de la ciudad de México, que obligaron a las autoridades educativas a adelantar el fin de cursos tres días.
Su movilización ha superado el reto del fin de los cursos escolares y el inicio de las vacaciones. Su lucha no da muestras serias de desgaste. Como si se encontraran en una carrera de relevos, sus contingentes alternan su participación en marchas, plantones, bloqueos o asambleas. Lejos de disminuir, las movilizaciones se han ampliado. Nuevos sectores de maestros, usualmente institucionales, se han incorporado a las protestas en estados como Nuevo León, Tamaulipas y Yucatán.
                                          


El movimiento se ha convertido ya en un verdadero huracán. Según José Álvarez Lima, ex gobernador de Tlaxcala, lo que empezamos a tener en el sur de México es una revuelta popular, propiciada por las autoridades que han cometido graves errores estratégicos, y agredido, denigrado y amenazado a unos mexicanos que ocupan importantes espacios políticos en esas regiones (http://goo.gl/kQhWle). No exagera.
Cuando el gobierno federal ha querido utilizar la represión para solucionar el conflicto, los resultados han sido contraproducentes. Ni el encarcelamiento de los dirigentes magisteriales, ni los despidos masivos, ni el congelamiento ilegal de sus cuentas bancarias lograron frenar la lucha. La masacre de Nochixtlán (11 muertos según los pobladores) movilizó a la opinión pública y a los sectores preocupados por los derechos humanos a favor de los maestros.
El conflicto tampoco puede resolverse administrándolo, o apostando a su desgaste, o tratando de engañar a los maestros o envolverlos en maniobras dilatorias. La pretensión de quitar banderas a la coordinadora, incorporando a la dirección del SNTE en una negociación a modo, no tiene futuro. La resistencia contra la reforma educativa comenzó hace más de tres años y medio y, en su fase actual, tiene más de dos meses (el paro indefinido comenzó el pasado 15 de mayo).
                                   






Louise Michel, educadora y combatiente en la Comuna de París (1871), escribió que la tarea de los maestros, esos soldados oscuros de la civilización, es dar al pueblo los medios intelectuales para rebelarse. Herederos de esa gesta libertaria, pareciera ser que los profesores de la CNTE se han echado a los hombros esa misión.


martes, 19 de julio de 2016

Resistencia con rostro de mujer


A la maestra Angélica García Pérez le tocó estar al frente de la lucha de los profesores oaxaqueños en un momento muy difícil. El gobierno federal está empecinado en acabar con su organización sindical y no ha escatimado recursos para hacerlo. Ella ha sufrido este embate en carne propia.
Lejos de amilanarse, la profesora, que participa en las pláticas con la Secretaría de Gobernación como parte de la comisión negociadora nacional de la CNTE, saca fuerzas de la persecución gubernamental para resistir. Esa rabia, ese coraje ante el ensañamiento en contra nuestra es lo que nos ha mantenido firmes, dice.
                                        

Sindicalista de base desde 1995, activista hormiga, Angélica siempre ha estado muy comprometida con la vida de la sección 22. En 2006, fue delegada a la APPO, donde vivió un intenso proceso de formación política. Actualmente es la representante del sector Etla, uno de los más combativos y mejor organizados del estado. Hace un año fue elegida como integrante de la comisión política seccional.
Aunque la situación en que se encuentra como dirigente sindical es inédita, tener que remar a contracorriente no lo es. Nada le ha sido fácil en la vida. Siempre ha tenido que enfrentar grandes obstáculos. Una y otra vez los ha superado.
La profesora García Pérez nació en Teococuilco de Marcos Pérez, Ixtlán, Oaxaca, en 1975. Municipio mayoritariamente indígena, de apenas unos mil 100 habitantes y 300 viviendas, muchos de sus pobladores emigran a Estados Unidos para ganarse la vida.
                                     
                                             
Angélica es la sexta de nueve hermanos de una familia campesina. Durante largo tiempo su papá fue mojado. Cada dos años regresaba brevemente a su comunidad para convivir con su parentela. De hecho, ella casi no lo conoció hasta que cumplió ocho años.
En casa de la profesora se hablaba zapoteco y español. Ella comprende la lengua indígena, la habla, pero no la domina. Su padre, que tenía dificultades para comunicarse cuando iba a la ciudad, insistió en que sus hijos debían manejar perfectamente el español.
Cuando Angélica terminó la primaria, a los 11 años, se mudó a casa de una hermana en Etla para estudiar la secundaria. Su padre tenía la ilusión de que sus hijos fueran profesionistas. Fue una decisión dolorosa que la separó de su casa y de su mamá. “Para mí –narra la maestra– fue un impacto bastante grande. Tenía que salir, dejar el pueblo, todo, para construir algo diferente.”
                                       

Ella hizo entonces un compromiso con su papá: cuando terminara sus estudios, iba a apoyar económicamente a sus tres hermanos pequeños para que cursaran los suyos.
Al legar a Etla, debió hacer a un lado sus miedos y comenzar una vida nueva. Tímida, serrana, le era muy difícil hacer amistad con niñas que se conocían de siempre. Rompió esa situación cuando en la secundaria el maestro la puso a debatir sobre la Revolución Mexicana con un niño que tenía el mejor promedio de la escuela. Aunque ni siquiera sabía bien a bien qué era eso de debatir, se preparó con esmero para explicar lo que ella entendía del tema. Su desempeño fue sobresaliente. El profesor les puso 10 a ambos. El episodio fue un parteaguas en su vida. Desde ese momento se sintió con más confianza y se dijo: sí puedo.
Cursó el bachillerato técnico en contabilidad en Suchilquitongo. Aunque deseaba seguir estudiando, tuvo que trabajar para cumplir el compromiso que hizo con su padre.
                                              

A los 18 años consiguió su primer empleo en el Banco de Oriente, donde le pagaban un sueldo miserable por una jornada agotadora. No le importó. “Lo hacía con mucho amor –cuenta– porque me daba cuenta de que era útil para poder apoyar a mis hermanitos.”
Un año después tuvo la oportunidad de trabajar de administrativa en una secundaria técnica en Tamazulapam del Espíritu Santo. Comenzó así su vida en las filas del magisterio, pero debió abrir un paréntesis en sus sueños de estudiar más. En la Sierra Mixe no había universidad.
En esa escuela vivió su primera experiencia sindical: defender con genuina indignación a una compañera a la que el autoritario director de la escuela quería despedir injustamente.
                                     

Casi al finalizar el ciclo escolar le ofrecieron colaborar con un programa de crédito a la palabra organizado por la sección 22. Llena de dudas, aceptó. Su participación fue un éxito. Entre 1995 y 1998 triplicaron el fondo del programa. Al terminar su comisión laboró en cooperativas escolares de secundarias técnicas. Simultáneamente, estudiando los fines de semana, cursó la normal superior en la especialidad de inglés.
Su primera experiencia docente la realizó en San Pablo Etla como maestra de inglés, donde trabajó sin cobrar nueve horas a la semana, por seis años. Luego comenzó también a enseñar informática.
Angélica es sencilla. No le gustan los reflectores. Como dirigente es de una firmeza fuera de serie. No le gusta andarse por las ramas. Habla claro, directo y preciso. Frente a las autoridades es indoblegable.
                                    

Madre soltera de un hermoso hijo de ocho años, se da tiempo para sacar adelante todo lo que tiene que hacer con responsabilidad y eficacia. Su gran preocupación es no entregar cuentas negativas al movimiento. La motiva la lucha. Cree que la actual movilización magisterial está haciendo historia. Está convencida de que el pueblo de México puede transformar la realidad para tener mejores condiciones de vida.
En el centro de su compromiso con el movimiento está su vocación se servicio. “Tengo la claridad –asegura– de que servir a los demás engrandece. Esa es la mayor de las satisfacciones como ser humano.” Añade: “Esa concepción del servicio viene de mi cultura. Así nos educó mi papá. Es algo que traigo muy dentro, muy fijo, que me mueve, me identifica. Eso me ha motivado a poner un granito de arena para que las cosas cambien.
Tengo claro –advierte– que no podemos fallar a los compañeros de base, a nuestros alumnos y al pueblo de Oaxaca. Defender la educación pública es defender el empleo, liberar a los presos políticos y hacer justicia al pueblo de Nochixtlán”


jueves, 14 de julio de 2016

La CNTE habla en zapoteco

                                         

Aristarco Aquino es zapoteco. Lo sigue siendo. Nació en el municipio de Yalalag. Estudió para maestro de primaria en las normales rurales de Reyes Mantecón, Oaxaca, y Mactumatzá, Chiapas, e historia en la Normal Superior de México. Fue secretario general de la sección 22 de Oaxaca entre 1989 y 1992.
El profesor Aquino es un crítico consistente e informado de la reforma educativa. Su repudio viene del profundo conocimiento que tiene de la educación básica en su estado, producto de su experiencia práctica y del estudio. Sin embargo, según Aurelio Nuño y diversos articulistas, su rechazo proviene de que defiende canonjías y privilegios.
Aristarco nació en 1951, en el seno de una familia campesina e indígena. Su padre se dedicaba por temporadas a labrar el campo y al comercio de café. Lo perdió cuando tenía un año y ocho meses. Creció hablando zapoteco. Aprendió español hasta los seis años, al entrar a la escuela primaria.
                                             

El maestro Aquino estudió en la secundaria Benito Juárez de Yalalag, caracterizada por una muy peculiar mística. Fundada en 1959 por esfuerzo de los ciudadanos del municipio, los profesores que daban clases allí no recibían pago alguno. Su trabajo era un servicio a la comunidad y un honor del que disfrutaban.
Aristarco Aquino comenzó su carrera profesional en la normal rural Moisés Sáenz, de Reyes Mantecón, pero tuvo que concluirlos en Chiapas, cuando el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz cerró por la fuerza 15 de las 29 existentes. Allí se formó con la convicción de que como profesor, además de desarrollar actividades docentes, debía cooperar con la comunidad.
                                                

La primera escuela donde dio clases, en 1970, era unitaria y se ubicaba en Santa María Tonaguía, única comunidad mixe perteneciente a un distrito zapoteco. Para llegar debía caminar seis horas desde la cabecera de la zona. Allí tuvo que aprender más primeros auxilios y hacerla de enfermero. Era, además, promotor cultural y deportivo, asesor y redactor de los documentos de la localidad. Cuando llegaban enviados de dependencias gubernamentales a visitar a la comunidad le tocaba servir de intérprete.
Aristarco estuvo 20 años frente a grupo, dando clases de primaria y siete horas en una secundaria para trabajadores en la ciudad de Oaxaca. Como dirigente sindical nunca consiguió una hora más de clases ni ventajas laborales de ningún tipo.
El profesor zapoteco comenzó a participar sindicalmente en 1977, como parte de un grupo que se movilizó en contra de la afiliación forzosa de los maestros a Vanguardia Revolucionaria. Desde entonces luchó activamente contra el charrismo sindical. Fue pionero en la labor organizativa que permitió que en mayo de 1980 estallara el movimiento democratizador en Oaxaca.
                                                   
 
Aristarco combinó el trabajo en las aulas con el compromiso con las comunidades y la lucha sindical, buscando democratizar la vida gremial, la escolar y el país. Su compromiso ha estado siempre con un proyecto claramente diferenciado de las actitudes charriles, sin desligarse nunca de la relación con los padres de familia. En el magisterio oaxaqueño, la consulta permanente a las bases, la transparencia y la rendición de cuentas se convirtieron en prácticas sindicales comunes. Aristarco las promovió con convicción.
Preocupado por la educación alternativa, impulsó, antes de ser dirigente seccional, talleres pedagógicos en Tlacolula. Allí, los maestros de base reflexionaron y analizaron su materia de trabajo. Como secretario general de la sección 22 promovió un congreso estatal de educación alternativa en 1990 y la publicación de una revista de análisis educativo.
                                           

Fiel a sus raíces zapotecas, siempre vinculado a procesos de organización indígena de base, diputado local por el PRD entre finales de 1992 y 1995, jugó un importante papel en la aprobación de la reforma legal que reconoció el nombramiento de autoridades municipales por usos y costumbres. En 1995 y 1996 fue invitado del EZLN a la mesa de derechos y cultura indígena, en San Andrés.
Al terminar su periodo como legislador regresó a laborar en la implementación de un programa de formación permanente para maestros de educación básica. Así profundizó su comprensión de la problemática educativa, al tiempo que desempeñaba distintas funciones: coordinador de un centro de maestros, coordinador general, coordinador operativo y asesor permanente. Ahora está en la fase final de jubilación, con un salario de 19 mil pesos mensuales.
                                               

Aristarco Aquino es incorruptible. Cuando Elba Esther Gordillo lo llevó a Los Pinos a una entrevista con el presidente Carlos Salinas, lo presentó con el mandatario diciendo: No es de los nuestros, pero con él se puede hablar. Y nunca le va a pedir porque nunca pide nada para él.
Pero el profesor Aquino no es el único dirigente magisterial de la CNTE con esa ética y esa trayectoria. Centenares de maestros y maestras han ocupado cargos de responsabilidad sindical y regresado a trabajar sin haber obtenido privilegio alguno. Por supuesto, hay algunos casos (muy pocos) que no lo han hecho. Pero, en cambio, muchos de quienes los acusan de corruptos (sin ofrecer una sola prueba) han recibido todo tipo de favores gubernamentales.
                                                 

El profesor Aquino siente mucha indignación con el actual panorama educativo. “La ligereza –asegura– con que el secretario de Educación quiere hablar de cosas de las que no sabe y no conoce da pena.” Añade: Por mi experiencia, he conocido varias reformas. Algunas dejaron algo bueno, pero todas en general fracasaron, porque siempre fueron impuestas. Pero ninguna puede compararse a la de ahora. Esta es la peor.
Como parte de la comisión negociadora de la sección 22 que resolvió el conflicto de 1980 y como secretario general, al maestro zapoteco que no perdió su lengua le tocó conocer a algunos secretarios de Educación. “Recuerdo –dice– a Fernando Solana Morales. Hay un abismo entre el perfil y la calidad de un funcionario como él, con respecto al actual secretario de Educación. La primera señal de que las cosas se quieren resolver sería la renuncia de Aurelio Nuño. Es un estorbo, una provocación permanente, un obstáculo a cualquier cosa que se quiera lograr”.


martes, 5 de julio de 2016

La masacre de Nochixtlán y la reforma educativa

                                      

Las comunidades indígenas oa­xaqueñas están en alerta. Respaldan a Nochixtlán. Viven como propia la masacre del 19 de junio. Se saben agredidas por el Estado. Sus topiles están sobre aviso. La matanza fue un agravio para todas, pero especialmente para el pueblo mixteco.
Lejos de las grandes ciudades, triquis, zapotecos, mixes, mazatecos y chatinos han marchado por caminos serranos para expresar su dolor y solidaridad con sus hermanos de Nochixtlán. También, para exigir como demanda propia la abrogación de la reforma educativa. Los cerros pelones son testigos mudos de su rabia. No se trata de ser vistos por nadie salvo por sí mismos.
                                    

La protesta india ha dibujado un nuevo mapa de la insumisión. Las periferias oaxaqueñas cercan ahora al centro. El 23 de junio se movilizaron de Tamazulapam a Ayutla Mixe, en San Francisco Cajonos, y de Guelatao a Ixtlán. En otras fechas lo hicieron en Teojomulco, Juxtlahuaca, Tlaxiaco, Huajuapan, Huautla y varias regiones más.
En todo el territorio oaxaqueño autoridades municipales, comunitarias y agrarias celebran asambleas informativas. El ultimátum de la Secretaría de Gobernación disparó esta fiebre asociativa. En multitud de ellas condenan la agresión y apoyan a sus maestros. Disponen cerrar las pocas escuelas que siguen abiertas y reconvenir a los profesores que no se han sumado al movimiento. Estampan sus firmas y sus sellos en las actas para dejar constancia de sus acuerdos.
                                           

Las muchas inconformidades de la sociedad oaxaqueña han encontrado en el paro magisterial un punto de confluencia y encuentro. Oaxaca es un hervidero de problemas sin solución. También de resistencias. El gobierno de la alternancia de Gabino Cué resultó un fiasco. Las comunidades no se dejan de los embates de proyectos mineros depredadores y negocios energéticos en los que los beneficios no son para ellos.
La curva de deterioro de la calidad de vida se ha acentuado dramáticamente en los últimos años. Mucho antes de los bloqueos escaseaba el circulante. Unas 480 mujeres han sido asesinadas con lujo de violencia. En tres años murieron 4 mil 500 enfermos que padecían insuficiencia renal por carencia de equipos de diálisis.
                                   
                                
La profunda imbricación entre maestros y comunidades no está mediada por el archipiélago de organizaciones sociales asentadas en el territorio oaxaqueño. Esas asociaciones, frentes, coaliciones, uniones y grupos no son la correa de transmisión entre la sociedad y los maestros. Desempeñan un papel importante en la construcción de un bloque magisterial-popular, pero la bisagra central que la articula es otra: la relación directa de los maestros con los padres de familia y con las autoridades comunitarias.
Por eso, ceremoniosos, los más de 40 alcaldes y autoridades agrarias mixtecas reunidos en Nochixtlán el pasado 2 de julio advirtieron: este movimiento ya no es magisterial, es popular. Y es que, como sucede en Chiapas, es el torrente comunitario y popular el que, cada vez con más frecuencia, arrastra a los maestros. No en balde esas autoridades firmaron la demanda de destitución de Aurelio Nuño como secretario de Educación sobre un cartel con la imagen de una mano izquierda empuñando un lápiz y la leyenda: Por la defensa de la educación.
                                         
 
Sí, esas comunidades defienden la educación pública. La demanda no es una im­posición de los profesores. A lo mejor es difícil entenderlo desde una oficina inteligente de la metrópoli, pero esa es una de las muy pocas vías de ascenso social que les quedan. Y la saben amenazada por una reforma educativa que persigue y castiga a sus profesores.
Las comunidades aprecian a sus maestros cuando les hablan en su lengua, les enseñan a sus hijos a rendir honores a la bandera, les ayudan con la redacción de engorrosos oficios, organizan las ligas de basquetbol y siembran en sus niños la semilla de que hay un futuro mejor para quienes se instruyen. Quieren a sus profesores cuando cooperan con las fiestas del pueblo.
                                     

No todo el movimiento magisterial a escala nacional ha tomado la forma que ha adoptado en Oaxaca, Chiapas, Guerrero o Michoacán. En otras entidades ha adquirido formas de ser distintas. Sin embargo, todas coinciden en la exigencia de abrogar la reforma educativa. Los sectores más consolidados rechazan la parte sustantiva de ésta: la evaluación punitiva, con consecuencias, como gustan decir los empresarios, que elimina la estabilidad en el empleo y sume a los maestros en la precariedad laboral y la desprofesionalización.
Otros rechazan aspectos particulares de la reforma, que no son su núcleo duro, pero que los afectan, como el fin de la carrera magisterial, la condena a muerte del normalismo, o la cancelación de mecanismos mixtos (autoridad y sindicato) para asignar los cambios de escuela.
La nueva norma enterró el programa de carrera magisterial, el más importante mecanismo de promoción laboral para los maestros de educación básica durante los últimos 20 años. Por esa vía podían incrementar su salario muy por arriba de su ingreso base. Sin embargo, esto se acabó. Con la nueva legislación, el monto que corresponde a carrera magisterial se desagregó del salario base de los profesores, afectando muy probablemente su jubilación, prima vacacional y aguinaldo. Peor aún, en casos como el de los maestros estatales de Nuevo León, el reciente aumento salarial de 3.5 por ciento se le otorgó solamente al salario tabular.
                                     

Irónicamente, el descontento con la reforma educativa llega incluso a los profesores que se evaluaron y obtuvieron buenos resultados. Muchos se sienten timados por las autoridades educativas, porque les condicionaron la entrega de nombramientos de las horas adicionales a la que se hicieron merecedores en la evaluación, a la renuncia a sus plazas anteriores y a derechos previos.
Pero, más allá de la genuina defensa de sus intereses laborales, los maestros mexicanos se están movilizando también para protestar por la masacre de Nochixtlán. Para ellos, la agresión policiaca contra esa comunidad oaxaqueña es hoy el símbolo de una reforma que se quiere imponer a sangre y fuego. Y que han decidido no dejar pasar.