jueves, 25 de febrero de 2016

Umberto Eco y el periodismo

                                      

De joven, Umberto Eco quiso ser periodista, pero al entrar a la Universidad de Turín en 1954 decidió estudiar filosofía. Sus padres pensaban que eso de ser reportero no era muy serio. De niño había soñado con manejar un tranvía y con ser soldado.
No importó que no estudiara periodismo, porque igual fue periodista de opinión a lo largo de su vida, reflexionó a profundidad sobre las dificultades y retos del oficio, y hasta escribió una novela sobre la prensa.
Las columnas periodísticas de Eco, deslumbrantes ensayos cortos, se publicaron en una diversidad de diarios y semanarios. Escritas en un estilo directo y mordaz, antisolemnes, analizan lo cotidiano, buscando –según él– poner en práctica lo que Roland Barthes llamaba el olfato semiológico: captar el sentido de los acontecimientos donde otros sólo encuentran hechos, e identificar mensajes donde algunos no ven más que cosas.
                           
                                     
Sus artículos desentrañan con viveza y originalidad hechos políticos trascendentes, espectáculos, modas, deportes, tendencias sociales y la naturaleza y conflictos que viven los medios de comunicación. Más aún: son, con frecuencia, un ejercicio de crítica del cuarto poder desde el periodismo, una elección política.
Para Eco, la objetividad periodística es un mito. Como señaló en su ensayo Información, consenso y disenso, escrito en 1979: Un diario hace interpretación no sólo cuando mezcla un comentario con una noticia, sino también cuando elige cómo poner en página el artículo, cómo titularlo, cómo acompañarlo de fotografías, cómo conectarlo con otro artículo que habla de otro hecho; y sobre todo un diario hace interpretación cuando decide qué noticias dar.
El periodista –según él– no tiene el deber de la objetividad, sino el de ofrecer un testimonio haciendo explícito lo que piensa. Debe advertir al lector que lo que dice no es la verdad, sino su verdad, una entre otras posibles.
Y es que, de acuerdo con el filósofo, no son las noticias las que hacen el periódico, sino el periódico el que hace las noticias, y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta.
Para Eco, los periódicos son hoy el diario íntimo del intelectual y le permiten escribir cartas privadas muy públicas. Él ve sus colaboraciones en la gran prensa como un instrumento de pensamiento coyuntural, como un medio en el que los hechos se utilizan para aventurar hipótesis que son valoradas por los lectores, como un intento de proponer muchas soluciones de manera simultánea.
                                             

De acuerdo con el semiólogo, escribir en el periódico es una forma de hacer política. El intelectual –asegura– hace política con su discurso, aunque no sea éste el único medio para efectuarla. A través del periódico apuesta a incidir en la esfera pública en lo cotidiano, y a hablar cuando siente el deber moral de hacerlo.
                                 
       
Sin embargo, Umberto Eco no limitó su compromiso político a sus artículos periodísticos. El 8 octubre de 2014 –por ejemplo– se unió a un grupo de mexicanos que exigían en la Piazza Cardusio, en Milán, Italia, la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos.
El profesor Eco reflexionó ampliamente sobre el poder de los mass-media. Hoy –escribió en Para una guerrilla semiológicaun país pertenece a quien controla los medios de comunicación. Posteriormente matizó su afirmación, señalando que la fuerza que éstos han adquirido es incuestionable, aunque algunas veces creen tener más poder del que realmente poseen y buscan convertirse en protagonistas y jueces de la cosa pública, en más de una ocasión desvirtuándola hasta convertirla en espectáculo.
Para él, la función del cuarto poder es controlar y criticar a los otros poderes tradicionales, pero puede hacerlo sólo porque su crítica no tiene funciones represivas. Los medios –dice– pueden influir en la vida política de un país solamente creando opinión. Los periódicos no son un órgano al servicio del público, sino un instrumento de formación del público.
                                           

Pero Umberto Eco no sólo pensó el periodismo desde la academia y la prensa. Lo hizo también desde la literatura. Su novela Número cero nos muestra, como poco más de un siglo antes lo hizo Upton Sinclair con La ficha de bronce, la peor cara de cierta prensa.
En la contratapa del libro, Roberto Saviano –autor de Cero, cero, cero..., una espectacular radiografía del negocio de la cocaína hoy en día, amenazado de muerte por la camorra y víctima de una campaña de lodo en algunos medios– advierte que esta obra de Eco es el manual de comunicación de nuestro tiempo.
                                   

En Número cero, uno de los reporteros sentencia: Los periódicos no están hechos para difundir, sino para encubrir noticias. Para ello recurren, entre otras cosas, a ahogar la noticia en un mar de información. Son, también, una máquina de fango que, para desacreditar a alguien, no requiere de lanzar acusaciones muy graves. Les basta con sembrar una sombra de sospecha sobre el comportamiento cotidiano de sus presas.
Umberto Eco fue un crítico implacable de las redes sociales, que permiten que la opinión de los necios tenga la misma relevancia que la de un premio Nobel. Son –dijo– un instrumento peligroso porque no permiten identificar a quien habla. Puso en duda que hayan mejorado el periodismo porque es más fácil encontrar mentiras en Internet que en una agencia como Reuters. Según él: En el viejo periodismo, por muy asqueroso que fuese un periódico, había un control. Pero ahora todos los que habitan el planeta, incluyendo los locos y los idiotas, tienen derecho a la palabra pública.
                                          

El filósofo encontró como uno de los fenómenos negativos asociado a la importancia de las redes sociales la extensión del síndrome del complot. “El complot –explicó– nos consuela. Nos dice que no es culpa nuestra. Que algún otro organizó todo. Hay complots por todas partes. Están basados en fantasías y son falsos.’’
Umberto Eco, a su manera un apocalíptico, falleció el pasado viernes. Los mapas que dibujó nos seguirán ayudando a caminar el mundo.


jueves, 18 de febrero de 2016

El papa Francisco y los pueblos indios

                                              


Desde hace más de cinco siglos, la Iglesia católica latinoamericana y la lucha indígena caminan de la mano. En la guerra de exterminio contra los pueblos indios el catolicismo ha sido simultáneamente instrumento de dominación y espacio de resistencia. La visita del papa Francisco a San Cristóbal de Las Casas está inscrita en esta compleja dialéctica.
                                           
                                           
Al reflexionar sobre la conquista inconclusa de América Latina, el filósofo Bolívar Echeverría advirtió que los evangelizadores representan el momento autocrítico de la conquista. Ellos afirman que esos humanoides americanos, que debían ser en principio aniquilados y sustituidos, son seres humanos plenos, que tienen la misma jerarquía ontológica e incluso una jerarquía moral mayor que los propios conquistadores. Sostienen la posibilidad de que exista algo así como una conexión y un diálogo, una mixtura y una simbiosis, un enriquecimiento mutuo de su propia forma civilizatoria y la de los aborígenes. Esta utopía, principalmente de los franciscanos en el siglo XVI, fracasa en ese mismo siglo, pero a mismo tiempo queda esbozada como contratendencia.
¿Es Francisco heredero de esta contratendencia? Quizá sí, a juzgar por su homilía en la antigua Ciudad Real, por la Encíclica Laudato si: sobre el cuidado de la casa común, por su llamado a pedir perdón a los pueblos indios (que ya había hecho en Bolivia) por la exclusión e incomprensión y su petición a cesar la opresión contra ellos.
                                              

No es casual que lo haya hecho en el sureste mexicano. Decía el historiador y antropólogo Andrés Aubry que, en Chiapas, la Iglesia católica “nació rebelde porque el fundador de la diócesis, fray Bartolomé de Las Casas, fue condenado por el rey y la Inquisición en 1570. ¿La razón? Entre muchas otras, pero la mayor: su tesis de que la soberanía del continente es de los indios…”
El Chiapas que fray Bartolomé forjó, una de las cunas de la conciencia moderna de los derechos humanos, fue –recuerda Aubry– la tribuna mundial de los indígenas. Dejó de ser el refugio de los encomenderos prepotentes para convertirse en la Iglesia popular desde la cual hablan los explotados.
Se trata de una Iglesia popular nacida de la fuerza de la identidad y cultura indígenas, de su capacidad para impactar las instituciones eclesiales, que renace en la década de los 60 del siglo pasado, durante el obispado de Samuel Ruiz. En esa época convergieron un proceso de reconstitución de los pueblos indios, con el Concilio Vaticano II y la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano realizado en Medellín. El mismo don Samuel Ruiz fue atravesado por esa dinámica. “Yo creía –confesó– que me habían enviado a Chiapas para evangelizar a los indígenas, y resulta que he sido yo el evangelizado por ellos.”
                                                

A su manera, este 13 de febrero, un día antes del 20 aniversario de la firma de los Acuerdos de San Andrés sobre Derechos y Cultura Indígena, el papa Francisco puso nuevamente a Chiapas en el centro de la resistencia de los pueblos originarios, tal como lo hicieron también Samuel Ruiz (a quien el prelado reivindicó al orar ante su tumba) y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Lo hizo mediante importantes gestos simbólicos, como citar en su homilía como ejemplo de la experiencia del anhelo de vivir en libertad y del reconocimiento de la sabiduría acuñada en estas tierras desde tiempos lejanos, un libro central de la cosmogonía maya: el Popol Vuh. “El alba –leyó el prelado– sobrevino sobre las tribus juntas. La faz de la tierra fue en seguida saneada por el sol. El alba sobrevino para los pueblos que una y otra vez han caminado en las distintas tinieblas de la historia.”
                                                           


El papa Francisco hizo también un enorme guiño a la herencia del trabajo evangélico del obispo Ruiz al citar en su homilía el Éxodo. Se trata del texto bíblico del cual la teología de liberación hizo su esquema fundamental de trabajo, y que la teología india del obispo de San Cristóbal utilizó en su trabajo pastoral como centro estructurante en su apuesta por hacer de los indígenas sujetos de su historia.
Testimonio de los nuevos vientos que soplan en la jerarquía vaticana, en Chiapas el papa Francisco denunció cómo algunos mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado han despojado a los pueblos indígenas de sus tierras. Apenas hace 25 años, allí mismo, el señor de horca y cuchillo Patrocinio González Garrido, gobernador de Chiapas, respondió a don Samuel, que se empeñaba en que se hiciera justicia a los pueblos originarios: Les devuelvo a los indios sus tierras cuando usted les regrese su religión.
El viraje religioso anunciado este 13 de febrero fue posible no sólo por los cambios producidos arriba, sino por la existencia abajo de un extraordinario equipo pastoral formado por Samuel Ruiz, que continúa hasta la fecha su legado: El de un catolicismo practicado en y con los desposeídos.
                                           

En la reconstitución de los pueblos indios participan activamente sacerdotes católicos. No en balde, en los diálogos de San Andrés los zapatistas convocaron como sus asesores e invitados a los jesuitas Ricardo Robles, Jerónimo Hernández, Alfredo Zepeda y Javier Ávila, al encarcelado (y liberado por la movilización popular) párroco de Simojovel, Joel Padrón, y a los sacerdotes expulsados de la diócesis de San Cristóbal Rodolfo Izal, Loren Riebe, Jorge Alberto Barón y Pablo Maldony.
                                           

Pero todo esto que sucede en las alturas de la Iglesia católica sería impensable sin un elemento cardinal: como señaló en su momento fray Bartolomé, la soberanía del continente es de los indios. O, como dijo el dirigente purépecha Juan Chávez en el Congreso de la Unión en 2001: Somos los indios que somos, somos pueblos, somos indios. Queremos seguir siendo los indios que somos; queremos seguir siendo los pueblos que somos; queremos seguir hablando la lengua que nos hablamos; queremos seguir pensando la palabra que pensamos; queremos seguir soñando los sueños que soñamos; queremos seguir amando los amores que nos damos; queremos ser ya lo que somos; queremos ya nuestro lugar; queremos ya nuestra historia, queremos ya la verdad.


miércoles, 10 de febrero de 2016

Mexicanos Primero y el delfín del Presidente

                                             


Se acabó la luna de miel con el gobierno federal. Las estrellas se les desalinearon. Mexicanos Primero ataca de nuevo. El pretexto del pleito ahora es la cancelación de Planea 2016. El pasado 3 de febrero, mediante un desplegado publicado en un diario nacional, el grupo de presión empresarial sobre políticas educativas denunció la medida como un grave retroceso.
Claudio X. González Guajardo, su presidente, anticipó el pleito días antes de la aparición del desplegado, cuando aún no era pública la cancelación del examen. En una conferencia que impartió el 26 de enero al consejo directivo de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio (Concanaco), anunció el cambio de rumbo en su relación con el gobierno: Nos vamos a acabar distanciando y peleando con ellos... Ahorita nos llevamos bien y van a ver que en dos o tres meses nos vamos a llevar mal (tv.concanaco.com.mx).
                                     
 
En la explicación que el doctor González dio a los líderes gremiales de los comerciantes sobre el porqué de la inminente ruptura con el gobierno, casi no se refirió a Planea. En cambio, dedicó mucho tiempo a explicar cómo la cancelación de la evaluación al desempeño docente en el primer semestre de 2016, y su posposición hasta finales de este año, es un error garrafal, que provoca que la reforma educativa pierda presión y se diluya. Esa pausa –lamentó– hace casi imposible culminar el ciclo de aplicación de exámenes a los profesores este sexenio.
Según el dirigente de Mexicanos Primero, la decisión de suspender la evaluación al magisterio responde a cuestiones políticas y electorales. No sólo por los comicios que se realizarán este año, sino por la sucesión presidencial. “Estamos entrando a una etapa de populismo educativo –explicó González Guajardo–; la política se está inmiscuyendo en lo educativo por las ambiciones políticas de Aurelio Nuño.”

                                  

El secretario de la SEP, de acuerdo con Claudio X. González, es no sólo un aspirante más a la Presidencia de la República, sino el delfín de Enrique Peña Nieto. Aurelio Nuño –dijo– es mucho más poderoso, dinámico, inteligente, abusado, del siglo XXI, cercano al jefe del Ejecutivo y al secretario de Hacienda de lo que era Emilio Chuayffet. Es, además, el artífice de la reforma.
Pero estas cualidades no lo vuelven intocable para el dirigente de Mexicanos Primero. “La política –aseguró– le va a pesar a Aurelio y no va a hacer todo lo que tendría que hacer un secretario de Educación.”
De hecho, las aspiraciones presidenciales de Nuño lo han llevado ya a hacer muchos anuncios –como el de la Escuela al Centro– para ocultar el hecho central: la reforma educativa está perdiendo presión. La maniobra –sentenció el ex funcionario de Televisa– responde a una necesidad: en 2018 el PRI podrá obtener en solitario entre 30 y 32 por ciento. Para ganar necesita hacer un acuerdo con Nueva Alianza. El costo de ese pacto electoral es desinflar la reforma educativa y no tocar los intereses del corporativismo sindical.
                                        

Claudio X. González narró a los directivos de Canaco su versión de los avatares de la reforma educativa, el papel de Mexicanos Primero en su aprobación y la luna de miel que, hasta ese 26 de enero, vivía con Nuño. Por supuesto, en su análisis no consideró nunca que la evaluación del desempeño docente fue un fracaso pedagógico y político. Que estuvo mal hecha. Que decenas de miles de maestros se opusieron a ella. Que muchos de los principales analistas educativos del país la descalificaron.
Curiosamente, la ofensiva de Mexicanos Primero no se concentró en contra de la posposición de la evaluación del desempeño docente, sino en la decisión de reprogramar Planea. En un tuit, Claudio X. González escribió: “¿Quién entiende a SEP? Que siempre no es por motivos ‘presupuestales’, sino ‘técnicos’ que canceló Planea. Trastabillan. Motivo real: político”.
                                

Y, aunque Nuño politiza a diario el tema educativo, respondió a la embestida de Mexicanos Primero sobre Planea diciendo que el problema no debe politizarse. “Ya hemos vivido esta etapa –recordó a los empresarios–. Desde distintos flancos, de la derecha, de la derecha muy radical y de la izquierda, cuando se ha querido politizar la educación, quienes han pagado las consecuencias son los niños.”
La ironía del asunto es que tanto Claudio X. González como Aurelio Nuño tienen razón en las acusaciones que se hacen mutuamente. Ambos utilizan la educación para hacer política. Y ambos reclaman para sí el monopolio de hacerlo.
                                   
     
El enojo de X. González con el gobierno federal responde también a otros factores más mundanos. Él (y un importante grupo de los señores del dinero en México) esperaba que Gerardo Gutiérrez Candiani, el empresario sin empresas que dirigió el Consejo Coordinador Empresarial, fuera designado por el PRI su candidato a la gubernatura de Oaxaca. Pero no fue así. Y cuando el tricolor destapó para ese cargo a Alejandro Murat, González Guajardo explotó. Apenas al día siguiente de la nominación, mandó un tuit de denuncia. Alejandro Murat, candidato del PRI/Oaxaca. Nueva señal de que administración no entiende que los mexicanos queremos cambio y estado derecho, escribió.
Por supuesto, el presidente de Mexicanos Primero juega en éste y en todos los demás casos con cartas marcadas. Sus simpatías de cara a 2018 están sobre la mesa. En la conferencia que impartió a los comerciantes, alabó a Luis Videgaray, el secretario de Hacienda, en cuatro ocasiones. Gracias a él, confesó, pudo volverse a reencontrar con Aurelio Nuño. El hombre de las finanzas –dijo– le ha metido ganas a la reforma educativa, pero no suficientes...


Fiel a su vocación guerrera, Claudio X. González demandó en esa charla cerrar todas las normales que no sirven para nada según él, la mayoría.
Anunció también el siguiente paso que piensa dar el sector empresarial. No hay que temerle a llevarse mal con el gobierno, recomendó a los concanacos. Y añadió: Es más, con el tipo de gobierno que tenemos nos deberíamos de llevar de la fregada. No hay que temerle a la confrontación.


miércoles, 3 de febrero de 2016

Educación: el arte de la simulación

                                          
Decir una cosa y hacer otra es un arte en el que Aurelio Nuño ha demostrado ser un verdadero maestro. Con eficacia mediática, el secretario de Educación Pública anuncia cada semana transformaciones en la política educativa que, en los hechos, son lo contrario de lo que dicen ser.
Buen ejemplo de este ejercicio del arte de simular es el plan Escuela al Centro. Anunciado como la primera de siete prioridades para reformar la instrucción pública, sostiene que su objetivo es que la escuela sea menos burocrática, que disponga de recursos económicos suficientes y que haya mayor participación social dentro.
En sentido estricto, las seis líneas de acción de las que consta el plan no son ni novedosas ni originales. Son copia –en muchos casos textual– de las sugerencias de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), presentes en el documento Mejorar las escuelas: estrategias para la acción en México (http://goo.gl/m2ATLf).
                                              

Las recomendaciones de la OCDE fueron inicialmente incorporadas, sin crítica alguna, al Pacto por México. El noveno compromiso de este acuerdo cupular establece: Se robustecerá la autonomía de gestión de las escuelas con el objetivo de mejorar su infraestructura, comprar materiales educativos, resolver problemas de operación básicos y propiciar condiciones de participación para que alumnos, maestros y padres de familia, bajo el liderazgo del director, se involucren en la resolución de los retos que cada escuela enfrenta.
Poco después, en septiembre de 2013, las directrices fueron incorporadas a la Ley General de Educación, que en su artículo 22 establece: “…se fortalecerá la capacidad de gestión de las autoridades escolares y los padres de familia”.
Finalmente, el 7 de marzo de 2014 fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el acuerdo 717, donde se emiten lineamientos y normas que deben seguir las autoridades educativas locales y municipales para formular los programas y acciones de gestión escolar destinados a fortalecer la autonomía de las escuelas de educación básica.
Según el secretario Aurelio Nuño (http://goo.gl/thVhr4), el plan Escuela al Centro busca que cada plantel cuente con un subdirector de gestión escolar y un subdirector académico. Esas figuras ya existen pero no ha funcionado por carencia de maestros de grupo.


Parte de estas nuevas plazas serán ocupadas por los aviadores del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que cobran sin trabajar. De esta manera serán premiados con posiciones de mando en el sistema escolar, como subdirectores o supervisores. Por ello Manuel Gil Antón propone cambiar el nombre de la SEP a Secretaría de Aviación Pública, al tiempo que señala la paradoja de que, con el pretexto de reducir la burocracia, se le incremente en cada plantel (http://goo.gl/V4KD36).
En los hechos, buena parte de las líneas de acción del plan Escuela al Centro se han aplicado ya en la Ciudad de México desde hace tres ciclos escolares. Sin embargo, ni siquiera aquí han funcionado a cabalidad, porque no todos los centros escolares tienen su plantilla laboral completa. ¿Cuál es el balance de esa experiencia de tres años? Se desconoce. No se ha realizado una evaluación de su funcionamiento. A pesar de ello, hoy se plantea reproducir el modelo en todo el país.

                                         

Aunque no lo diga, Escuela al Centro es una iniciativa dirigida a las escuelas públicas de las grandes ciudades. No obstante que las escuelas ubicadas en zonas rurales y en las orillas de las metrópolis son las que disponen de menos recursos, y las que más apoyos requieren, la llamada reorganización de la gestión escolar contenida en el plan sólo podrá hacerse realidad en los planteles urbanos.
No es asunto menor. Dos de cada cinco escuelas de educación básica en el país son multigrado. En ellas, un maestro (o maestra) imparte clases de manera simultánea a más de un grado. En ocasiones lo hace en un mismo salón. Esos maestros son, simultáneamente, directores, están obligados a cumplir con fatigosas y absurdas cargas administrativas, y efectúan servicio social en sus comunidades. Ahora deberán ser también subdirectores de gestión escolar y académicos.
                                        
Como señala Lucía Rivera, en nombre de la autonomía (la capacidad para darse normas y gobierno propios), el término de autonomía escolar despoja a este concepto de su significado emancipador y su vínculo con la democratización de la vida escolar. En su lugar se propone una autonomía regulada y acotada, al servicio de fines pragmáticos (http://goo.gl/v5xpQC).
En síntesis, Escuela al Centro es un claro ejemplo de cómo la SEP dice una cosa para hacer otra. Presenta como novedosa una propuesta que no es más que un refrito de recomendaciones de organismos multilaterales y experiencias en marcha. Dice que busca lograr que la escuela sea menos burocrática, pero la hace más en cada plantel. En vez de disminuir la desigualdad educativa, la agiganta. Lejos de promover la democratización de la vida escolar, abre las puertas a una mayor vigilancia y control sobre el magisterio.
                                     
 
En este juego de máscaras que ocultan los verdaderos propósitos, Escuela al Centro tiene un objetivo central: dar un paso adelante en la charterización de la educación pública, esto es, en la proliferación de escuelas chárter, financiadas con dinero público pero administradas como instituciones privadas, en muchas ocasiones por empresarios o sus asociaciones de fachada.