Decir una cosa y hacer
otra es un arte en el que Aurelio Nuño ha demostrado ser un
verdadero maestro. Con eficacia mediática, el secretario de
Educación Pública anuncia cada semana transformaciones en la
política educativa que, en los hechos, son lo contrario de lo que
dicen ser.
Buen ejemplo de este
ejercicio del arte de simular es el plan Escuela al Centro. Anunciado
como la primera de siete prioridades para reformar la instrucción
pública, sostiene que su objetivo es que la escuela sea menos
burocrática, que disponga de recursos económicos suficientes y que
haya mayor participación social dentro.
En sentido estricto, las
seis líneas de acción de las que consta el plan no son ni novedosas
ni originales. Son copia –en muchos casos textual– de las
sugerencias de la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos
(OCDE), presentes en el documento Mejorar las
escuelas: estrategias para la acción en México
(http://goo.gl/m2ATLf).
Las recomendaciones
de la OCDE fueron inicialmente incorporadas, sin crítica alguna, al
Pacto por México. El noveno compromiso de este acuerdo cupular
establece: Se robustecerá la autonomía de
gestión de las escuelas con el objetivo de mejorar su
infraestructura, comprar materiales educativos, resolver problemas de
operación básicos y propiciar condiciones de participación para
que alumnos, maestros y padres de familia, bajo el liderazgo del
director, se involucren en la resolución de los retos que cada
escuela enfrenta.
Poco después, en
septiembre de 2013, las directrices fueron incorporadas a la Ley
General de Educación, que en su artículo 22 establece: “…se
fortalecerá la capacidad de gestión de las autoridades escolares y
los padres de familia”.
Finalmente, el 7 de
marzo de 2014 fue publicado en el Diario
Oficial de la Federación el acuerdo 717,
donde se emiten lineamientos y normas que deben seguir las
autoridades educativas locales y municipales para formular los
programas y acciones de gestión escolar destinados a fortalecer la
autonomía de las escuelas de educación básica.
Según el secretario
Aurelio Nuño (http://goo.gl/thVhr4),
el plan Escuela al Centro busca que cada plantel
cuente con un subdirector de gestión escolar y un subdirector
académico. Esas figuras ya existen pero no ha
funcionado por carencia de maestros de grupo.
Parte de estas nuevas
plazas serán ocupadas por los aviadores del
Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que
cobran sin trabajar. De esta manera serán premiados con posiciones
de mando en el sistema escolar, como subdirectores o supervisores.
Por ello Manuel Gil Antón propone cambiar el nombre de la SEP a
Secretaría de Aviación Pública, al tiempo que señala la paradoja
de que, con el pretexto de reducir la burocracia, se le incremente en
cada plantel (http://goo.gl/V4KD36).
En los hechos, buena
parte de las líneas de acción del plan Escuela al Centro se han
aplicado ya en la Ciudad de México desde hace tres ciclos escolares.
Sin embargo, ni siquiera aquí han funcionado a cabalidad, porque no
todos los centros escolares tienen su plantilla laboral completa.
¿Cuál es el balance de esa experiencia de tres años? Se desconoce.
No se ha realizado una evaluación de su funcionamiento. A pesar de
ello, hoy se plantea reproducir el modelo en todo el país.
Aunque no lo diga,
Escuela al Centro es una iniciativa dirigida a las escuelas públicas
de las grandes ciudades. No obstante que las escuelas ubicadas en
zonas rurales y en las orillas de las metrópolis son las que
disponen de menos recursos, y las que más apoyos requieren, la
llamada reorganización de la gestión escolar contenida en el plan
sólo podrá hacerse realidad en los planteles urbanos.
No es asunto menor. Dos
de cada cinco escuelas de educación básica en el país son
multigrado. En ellas, un maestro (o maestra) imparte clases de manera
simultánea a más de un grado. En ocasiones lo hace en un mismo
salón. Esos maestros son, simultáneamente, directores, están
obligados a cumplir con fatigosas y absurdas cargas administrativas,
y efectúan servicio social en sus comunidades. Ahora deberán ser
también subdirectores de gestión escolar y académicos.
Como señala Lucía
Rivera, en nombre de la autonomía (la capacidad para darse normas y
gobierno propios), el término de autonomía escolar despoja a este
concepto de su significado emancipador y su
vínculo con la democratización de la vida escolar. En su lugar se
propone una autonomía regulada y acotada, al servicio de fines
pragmáticos (http://goo.gl/v5xpQC).
En síntesis, Escuela al
Centro es un claro ejemplo de cómo la SEP dice una cosa para hacer
otra. Presenta como novedosa una propuesta que no es más que un
refrito de recomendaciones de organismos multilaterales y
experiencias en marcha. Dice que busca lograr que la escuela sea
menos burocrática, pero la hace más en cada plantel. En vez de
disminuir la desigualdad educativa, la agiganta. Lejos de promover la
democratización de la vida escolar, abre las puertas a una mayor
vigilancia y control sobre el magisterio.
En este juego de
máscaras que ocultan los verdaderos propósitos, Escuela al Centro
tiene un objetivo central: dar un paso adelante en la charterización
de la educación pública, esto es, en la
proliferación de escuelas chárter,
financiadas con dinero público pero administradas como instituciones
privadas, en muchas ocasiones por empresarios o sus asociaciones de
fachada.






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