martes, 30 de agosto de 2016

Los maestros privilegiados

                                      

Daniel López Castellanos es un maestro oa­xaqueño que da clases de primaria en comunidades campesinas de Chiapas. Es un profesor mixteco (a mucho orgullo) que enseña a migrantes guatemaltecos asentados del lado mexicano de la frontera. Es –confiesa– un trabajador de la educación privilegiado, con un salario base de 4 mil 300 pesos quincenales.
En 1985, a los 19 años, Daniel llegó a Chiapas a hacer realidad su sueño de ser maestro. El deseo de ser docente le nació por culpa de Florencio Cruz Valencia, su profesor de sexto grado. Su mentor narraba la historia de una forma tan hermosa y convincente, que López Castellanos la vivía como si lo que escuchaba estuviera aconteciendo en ese mismo momento. “Cuando sea grande –se dijo– quiero ser como él.”
                                           
                                       
Tercero de nueve hermanos de una familia campesina del municipio de Santo Domingo Nuxaá (que en mixteco quiere decir Pueblo Nuevo), distrito de Noxhixtlán, Oaxaca, Daniel es el único de sus familiares directos que logró estudiar una carrera. Lo hizo a pesar de que su padre, don Filadelfo López Zárate, quería que se pusiera a trabajar en lugar de ir a la escuela.
Fue en la secundaria del municipio de Santa Inés Zaragoza donde encontró la pista de cómo poder estudiar. Vio en la experiencia de dos de sus maestros egresados de la Escuela Normal Rural de Mactumatzá, en Chiapas, el camino para volverse profesor. El día en que les contó sus aspiraciones, ellos le respondieron que eso estaba muy bien, pero le pusieron una condición que él siguió al pie de la letra: no ser igual a ellos, sino mejor.
                                            

Cuando, sembrando frijol, le confesó a uno de sus hermanos menores –que le ofreció apoyo económico para seguir estudiando– su decisión de irse a Mactumatzá (que en zoque significa Cerro de las once estrellas), tuvo que admitir que no tenía idea de dónde quedaba ese lugar. “Pero sabes –le dijo–, allí hay una normal rural y yo quiero ser maestro.” De paso, le pidió que no dijera a sus papás adónde realmente se marchaba.
En el examen de admisión que presentó para entrar a la normal rural obtuvo el lugar 16 de entre mil 500 aspirantes. Fue uno de los 120 muchachos que lograron quedarse. Sin apoyo económico paterno, sobrevivió haciendo cuanto trabajo llegaba a sus manos. Allí estudió tres años de bachillerato y cuatro de licenciatura, aunque en total estuvo en esa institución ocho años. Y es que, durante 12 largos meses, las clases se suspendieron porque la autoridad trató (infructuosamente) de cerrar la escuela.
                                            

López Castellanos se burla de quienes dicen que la educación pública en nuestro país no es una vía para la movilidad social. “Para mí –asegura– Mactumatzá es como una segunda madre. Si no fuera por ella yo no sería maestro.” Además de obtener su licenciatura, leyó libros que lo marcaron de por vida, como Así se templó el acero, de Nicolás Ostrovski.
El maestro López ingresó al servicio docente en 1993. Fue asignado a una escuela unitaria, en la que 65 niños cursaban de primero a sexto de primaria, en Belisario Domínguez, en la Sierra Madre de Chiapas, en el municipio de Siltepec. Llegar allí era una odisea. En Tuxtla Gutiérrez abordaba un autobús rumbo a Motozintla, que tardaba entre cinco y seis horas en llegar. De allí abordaba un camión de tres toneladas, al que le ponían cadenas en las llantas para subir a la sierra a través de caminos llenos de lodo. Finalmente caminaba cerro arriba durante otras cuatro o cinco horas.
                                            

La magnitud del esfuerzo para trasladarse hasta allí y las dificultades de los niños para aprender provocaban que Daniel se preguntara si valía la pena llegar a dar clases. Total, no había nadie que lo vigilara. Pero el recuerdo de los rostros de sus alumnos lo convencía de que debía hacerlo. “Yo entendía –dice– que los niños no daban lo que yo quería que dieran. Pero hacían todo el esfuerzo, y daban todo lo que eran. Si no aprenden no es porque no quieran, sino por todas las limitaciones materiales que tienen.”
Daniel está orgulloso de ser maestro rural. “Prefiero mil veces trabajar en ese medio –asegura–. Muchos compañeros de mi generación y grupo, a base de esfuerzos y sacrificios, están en la ciudad. Algunos ya son supervisores y la mayoría son directores. Yo sigo como maestro de grupo porque me encanta trabajar con los niños.” En el medio rural –explica– hay más posibilidades de trabajar con los estudiantes y con la gente de la comunidad. Se tiene la oportunidad de visitar las casas de los alumnos y saber cuáles son sus carencias.
                                                

Orgulloso integrante de la CNTE, Daniel ha sido parte del comité ejecutivo de la sección 7 en dos ocasiones. La primera vez entregó buenas cuentas y regresó a trabajar a su escuela. En esta segunda vuelta, planea hacer lo mismo. Los padres de familia lo quieren y lo defienden. Frente a grupo, dedica a los niños no sólo las horas regulares de clase, sino también las tardes.
Daniel se opone radicalmente a la reforma educativa porque implica perder la plaza base. También porque, según él, con la nueva norma habrá que cancelar el tiempo que se destina a convivir con la comunidad, visitar las casas de los alumnos y darles una atención personal. Ahora a los maestros no les preocupará el asunto de que los niños aprendan o no. Para que no los corran se van a tener que concentrar en prepararse para pasar un examen.
                                          

A Daniel le indigna que se acuse a los docentes de oponerse a la reforma para defender privilegios mezquinos. “Me acuerdo –dice– de una declaración de Emilio Chuayffet en que denunció que los maestros ganaban supuestamente entre 20 y 30 mil pesos, y que quienes no obtenían eso era porque compraron la plaza. Yo soy maestro titulado; gracias a Mactumatzá tengo mi cédula profesional, fui contratado por la Secretaría de Educación. Cuando ingresé me pagaba 600 pesos”.
Para el maestro rural Daniel López Castellanos el único privilegio que realmente tiene, el más grande de todos, es estar en una comunidad y vivir la satisfacción de ver cómo los niños aprenden. “Es entonces –señala– cuando uno dice: sí vale la pena todo lo que uno está haciendo. Ese el verdadero privilegio que la dizqu


miércoles, 24 de agosto de 2016

La conexión regia de la reforma educativa

                                           
                                                          Foto Itesm

El ingeniero Carlos Cruz Limón es vicepresidente de relaciones y desarrollo del Tecnológico de Monterrey. Hace apenas seis meses, el 18 de febrero de 2016, participó en la firma de un lucrativo convenio de colaboración entre su institución educativa y la Secretaría de Educación Pública.
En la ceremonia, entusiasmado con el acuerdo, explicó sus alcances: “En el fondo –dijo– se trata de que instituciones privadas como el Tec tengan un rol cada vez más importante en la educación en México”.
De acuerdo con la SEP, mediante el pacto, el tecnológico privado capacitará, sin licitación previa, a 60 mil profesores del sistema público, a través de una plataforma que diseñó exclusivamente para los maestros de la dependencia educativa. Este número podría duplicarse. Aún más, la meta –anunció Cruz Limón en el acto– es llegar a un millón (de docentes) actualizados y mejor capacitados.
                                                    

                                                       Foto Itesm
 
El arreglo no tiene pierde. Según Aurelio Nuño Mayer, secretario de Educación Pública, al programa (en el que participan otras instituciones privadas y públicas) se destinarán mil 809 millones de pesos.
El Tecnológico de Monterrey es el buque insignia educativo del empresariado regiomontano. Es un negocio muy rentable. Se ha expandido exitosamente en la mayoría del país, educando a los hijos de las élites. Ahora también incursionará masivamente en la capacitación de los profesores de educación pública básica y media.
El convenio no sorprende. Muchos de los funcionarios que hoy están al frente de la SEP están estrechamente vinculados al Tec y al mundo empresarial de la Sultana del Norte. Han sido a lo largo de su vida directivos de esta institución académica, gerentes de poderosas compañías regiomontanas y funcionarios públicos de administraciones priístas. La lista es larga.
                                                   

Otto Granados Roldán, subsecretario de Planeación, titular de Comunicación Social durante la mayor parte del sexenio de Carlos Salinas y hoy uno de los principales consejeros y operadores del secretario Nuño, fue, a lo largo de varios años, director general del Instituto de Administración Pública del Sistema Tecnológico de Monterrey.
                                             

Javier Trevino Cantú, subsecretario de Educación Básica y amigo cercano de Otto Granados, formó parte de la legislatura que aprobó la reforma educativa, fue secretario de Gobierno de Nuevo León y un estrecho colaborador de Lorenzo Zambrano, dueño de la cementera Cemex. La columnista Ivonne Melgar lo describió como muy afín a la mirada empresarial regia.
                                          

Irma Gómez Cavazos, oficial mayor de la SEP, fue directora ejecutiva de la comisión de estudios del sector privado para el desarrollo sustentable, del Consejo Coordinador Empresarial. Decana de la Egade Business School del Tec, creó el centro de sostenibilidad y negocios. Antes había trabajado en esa institución, entre 1995 y 2003, donde fue directora asociada de asuntos académicos. Al igual que Javier Treviño, estuvo vinculada al grupo Cemex.
                                              
     
Héctor Gutiérrez de la Garza, director del Instituto Nacional de Infraestructura Física Educativa (Inifed), organismo responsable de aterrizar el multimillonario programa de Escuelas al Cien (50 mil millones de pesos), nació también en la Sultana del Norte. Ex diputado del PRI, fue directivo de la papelera Copamex. Como si fuera un político en campaña, en su sitio web anuncia que como diputado gestionó más de 580 millones de pesos para Nuevo León (http://goo.gl/WY0AJA).
                                              

También es regio Edmundo Guajardo Garza, actual director general de formación continua, actualización y desarrollo profesional en la Educación Básica. Antes de ser funcionario gubernamental fue ejecutivo del poderoso conglomerado Cydsa e Hylsa. Es autor del libro Administración de la calidad total.
Ex secretario de Educación de Nuevo León, tuvo a su cargo la implementación de la primera fase de la evaluación al desempeño en la entidad. A pesar de su discurso sobre la calidad total, el proceso fue –a decir de quienes participaron en él– un mugrero. El desaseo fue tal, que hasta el nuevo gobernador del estado, Jaime Rodríguez Calderón, se vio obligado a hacer varias críticas al proceso.
Ante el descontento docente por el desgarriate organizativo responsabilidad de Guajardo Garza, el funcionario respondió invitando a los inconformes a incrementar la competitividad e inscribirse para las pruebas de evaluación.
                                                

La selección que el secretario de Educación neoleonés hizo de 4 mil 875 docentes para ser parte del primer grupo de evaluación al desempeño fue fatal. A pesar de que era la parte más sencilla del proceso, lo hizo muy mal. Y, en el eslabón más importante de la cadena, que era la capacitación, el secretario no hizo nada. Ecos de este fracaso se reflejaron en el balance de los resultados de la evaluación del primer grupo difundidos por la consejera del INEE, Sylvia Schmelkes. Allí la maestra Schmelkes admitió que en esta primera etapa hubo algunas fallas y que enfrentaron dificultades con los estados. Sin embargo, a pesar del fracaso, Edmundo Guajardo fue designado responsable federal de la formación continua en el nivel de educación básica.
La subrogación de la capacitación docente a compañías privadas estilo Tec no es el único negocio que los empresarios harán con la reforma educativa. Partes claves de la evaluación a maestros, la elaboración de materiales didácticos, la publicación de textos, la venta y alquiler de equipo y mobiliario, la construcción y mejoramiento de escuelas y su financiamiento a través de los Certificados de Infraestructura Escolar Nacional son algunas de las ventanas de oportunidad que tendrán para obtener pingües beneficios en el mercado de la educación pública.  
                                              

En la conexión regia de la reforma educativa está una de las claves centrales que explican el porqué del empecinamiento gubernamental y empresarial en no ceder un ápice en la demanda de modificar la norma. En este engarce se condensan los intereses de los señores del dinero por hacer de la enseñanza pública su negocio particular, su pretensión de legitimar sus instituciones educativas (creadas para tener ganancias para ellos) como si fueran de vocación pública y la captura de los puestos claves de la SEP con sus cuadros.


jueves, 18 de agosto de 2016

El fantasma de José Santos Valdés

                                          


Este auditorio está lleno a reventar. Miles de maestros están aquí presentes. Sin embargo, no estamos todos. Nos faltan los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa desaparecidos el 26 de septiembre de 2014. Desde aquí, exigimos su presentación inmediata con vida
Está de moda declarar que la educación pública en México es zona de desastre. Ese es el mantra de la derecha empresarial, de los organismos financieros multilaterales y de la tecnoburocracia. No se trata de algo inédito. Desde años, los sectores más retrógrados de la política nacional lo han dicho para combatir al artículo 3o constitucional, a la educación socialista y a los libros de texto gratuito. Así lo hizo, por ejemplo, hace 64 años, la Conferencia Nacional de Educación Primaria, cuando declaró que la enseñanza primaria atravesaba por la más profunda de sus crisis. Desde entonces lo han repetido una y otra vez.
                                             

Lo novedoso en esta ocasión es el asalto de la derecha empresarial a la educación pública con el pretexto de sus dificultades. Ya lo vimos: los señores del dinero se quieren quedar con el negocio de la enseñanza y van con todo para lograrlo.
En un momento así es importante recuperar las enseñanzas del profesor José Santos Valdés, uno de los más imaginativos educadores que el país ha tenido. Sus juicios de entonces fueron un viaje anticipado al futuro del México de hoy. Su fantasma nos acompaña en este Foro. Sus reflexiones sobre lo que sucedía con la educación pública hace más de 50 años son validas en este 2016.
                                           

Santos Valdés consideraba a los miembros de nuestro Olimpo Pedagógico (como los que hoy despachan enfrente de Santo Domingo) como unos copiones que, en lugar de ahondar en nuestra historia de la educación, se pasan el tiempo hablando de lo que no saben hacer. Sostenía que tenemos una práctica docente sólida, seria, de maestros que aceptan la teoría universal de la educación, pero no la imitan ni aceptan servilmente.
Profesionista estricto y conocedor profundo de los profesores de aula, no perdió nunca la fe en la capacidad creadora de los docentes. “La práctica –dijo– me ha probado que todas las virtudes inseparables del maestro surgen, avivadas, cuando el maestro de banquillo encuentra las condiciones que le han permitido revelarse tal como él quiere ser”.
                                                

Pero la derecha empresarial y la tecnoburocracia no quieren que esas virtudes afloren, y han legislado para impedirlo. Lo han hecho, humillando a los maestros y apropiándose de la palabra reforma. Lo que ellos llaman reforma no lo es porque su legislación, más que ampliar los derechos son un retroceso de más 50 años en el reloj de la historia de las conquistas laborales de los trabajadores al servicio del Estado y de la educación pública.
Para avanzar en su plan de asaltar la educación pública, los hombres de empresa se han propuesto descalificar a quienes la defienden: los maestros. Nada los detiene en su campaña para estigmatizar a los mentores. ¡Basta ya de desdeñar ya la profesión docente! Los trabajadores de la educación no son los villanos del drama educativo. Los maestros, directores y supervisores son profesionales de la educación. Y su profesión debe ser respetada. No con palabras huecas y melifluas sino con hechos. 
                                             
 
Es falso que, como esta falsa reforma pretende hacer creer, se pueda mejorar la enseñanza estableciendo como norma la inseguridad en el empleo. La seguridad laboral hace atractiva la profesión, es parte de las condiciones que requiere para florecer. Su existencia es señal de que el maestro forma parte de un equipo y de una profesión. La permanencia da autonomía profesional y libertad de cátedra.
No habrá mejor educación con la nueva legislación. La incertidumbre en la permanencia en el empleo que la acompaña provocará que los maestros con experiencia sean sustituidos por profesores que no la tienen y que perciben menor salario. Que sean removidos para contratar a docentes sometidos al control del director y del inspector. Sin certidumbre laboral se eliminará la libertad de cátedra. 
                                     
                                                           
Como lo han mostrado los grandes pedagogos a través de la historia, la verdadera educación trata del entendimiento y el conocimiento, acerca de hábitos de pensamiento y de la capacidad para razonar con independencia y buen juicio, no de la habilidad para responder con rapidez exámenes de opción múltiple. Engañamos a los niños y a sus padres cuando no les damos a los pequeños y a los jóvenes las habilidades básicas que necesitan para hacer frente a la vida, y, en lugar de hacerlo, les hacemos creer que lo que necesitan para ser exitosos en el mundo es que sepan responder los exámenes estandarizados que las autoridades les imponen.
Los empresarios han fijado como regla para guiar la política educativa la consigna de que sólo se valora lo que cuesta. ¡Eso es falso! Usualmente, lo que más nos importa en la vida es lo que no tiene un precio ni una medida. Valoramos nuestras relaciones humanas, a los amigos y compañeros con los que compartimos nuestra vida, a la familia, a nuestros camaradas. No medimos cuánto queremos a nuestros padres o esposas o hijos. Los queremos y ya. ¡Basta ya de esa obsesión por medir todo lo que no puede ni merece ser medido! ¡Basta ya de evaluaciones punitivas!
                                      
                                                  

No se pueden hacer cosas buenas si no se dejan de hacer las cosas que están mal. Es imposible tener una mejor educación con leyes mal hechas. Y esta falsa reforma es mala, muy mala. Está muy mal hecha. Con ella no se puede mejorar la enseñanza, es imposible regresar a lo esencial. Esa reforma tramposa es un timo que impide a los niños y jóvenes llegar a ser ellos mismos. Su sendero, lejos de llevar a al país buen puerto, lo conduce hacia el despeñadero. Por eso, es necesario derogarla ¡ya!

¡Justicia para Nochixtlán! ¡Ya!

(*) Intervención en el Foro de la CNTE "Hacia la construcción del proyecto de educación democrática", realizado el 9 de agosto de 2016 en el Centro Médico Siglo XXI.




martes, 16 de agosto de 2016

Los niños de Nochixtlán

                                                    
Cuando el helicóptero sobrevuela Casa Xitla, en el sur de la Ciudad de México, los niños de Nochixtlán que temporalmente se hospedan allí corren despavoridos a esconderse. El sonido del pájaro de hierro sobre sus cabezas revive el miedo y la desesperación que vivieron en su pueblo el 19 de junio, cuando la policía masacró a sus familiares y paisanos.
Han pasado casi dos meses de la agresión, y los pequeños no olvidan lo sucedido. La violencia policial aparece en sus dibujos y en sus sueños, en sus conversaciones y en su futuro. Cuando sea grande, cuenta uno de los niños, quiere ser policía para matar a los uniformados que lo gasearon y machacaron a palos a sus familiares.
                                             

Ese 19 de junio, 26 pequeños vieron a sus papás salir a defender a su pueblo de la agresión de los gendarmes y luego correr a esconderse. Durante días, en la explanada del templo de Nochixtlán dos cartulinas tenían los nombres de los menores que perdieron a sus padres en el ataque de la Policía Federal.
Ese día, en la humilde colonia 20 de Noviembre, que no cuenta con agua ni con electricidad, unos 30 uniformados lanzaron gases contra viviendas construidas de láminas, cartón, latas y escasos materiales. Allí estaban 32 niños, ninguno mayor de 11 años. Los pequeños, sentados en una colchoneta narraron a Arturo Cano cómo se ahogaban y vomitaban con el humo de los lacrimógenos.
                                                 

        
Uno de ellos le platicó cómo escuchaban vociferar a los policías: Vénganse por acá, aquí van a tener su chinga. Otro le contó que gritaban groserías y provocaban a los maestros. Uno más describió cómo usaron sus pistolas y empezaron a matar gente. Y otro le dijo que aventaron una cosa redonda detrás de una casa, que explotó, sacó lumbre.
En total, fueron víctimas directas de la agresión policiaca cerca de 70 menores. El daño sicológico que sufrieron está a flor de piel. A la cuenta de damnificados infantiles hay que sumarle la de otros hijos de los asesinados y discapacitados por la agresión policial. A partir de ahora, sin alguien que lleve el sustento a su casa, ellos y sus madres tendrán que trabajar para ganarse la vida.
                                             

La masacre de Nochixtlán dejó un saldo trágico de ocho civiles asesinados (11 en Oaxaca), 94 heridos de bala, 150 víctimas directas y entre 300 y 400 indirectas. Quienes sufrieron lesiones mayores, quienes aún tienen balas en el estómago, ¿de qué vivirán ahora? Ciertamente, no de cultivar el campo.
En su inmensa mayoría, las víctimas de Nochixtlán son gente humilde, que vive sin ahorros y con muy pocos recursos. Ante la negativa gubernamental a brindarles atención médica y ante el miedo a ser perseguidos, debieron gastar sus pocos ingresos en curarse de mala manera con médicos particulares.
                                          

Dolor sobre dolor, tragedia sobre tragedia, los familiares de los ocho asesinados sufren hoy no sólo la pérdida de un ser querido, sino una pesada deuda económica. Enterraron a sus difuntos como la tradición manda, dando de comer a quienes durante días los acompañan en su dolor. Un funeral así cuesta, al menos, entre 100 y 150 mil pesos, gasto que sólo puede solventarse con préstamos que deben pagarse a tasas de interés usureras.
Decenas de esas víctimas se concentraron el pasado 31 de julio en la emblemática Plaza de las Tres Culturas, en Tlaltelolco, con muletas y vendajes. Con rabia y coraje narraron a la prensa su dolor y le mostraron su heridas. ‘‘Aquí estamos –dijeron–; tenemos nombre, tenemos rostro, tenemos miedo. Aquí estamos, hemos venido a exigir justicia, no dinero”.
                                     

Indignados por los señalamientos de diputados priístas como Mariana Benítez (subprocuradora cuando fueron desaparecidos los 43 normalistas rurales de Ayotzinapa y coautora de la verdad histórica), denunciaron que ‘‘hubo balas que entraron por la boca y salieron por la oreja; disparos que impactaron en piernas, tobillos, ingles, en el estómago, en el pecho, en la espalda, en los pies, en los dedos’’.
El enojo de los nochixtlecos con la diputada Benítez y con otros integrantes de la comisión legislativa especial para investigar los hechos de Nochixtlán proviene del enorme desprecio con que los han tratado. Su palabra no vale. Aunque esa comisión se formó desde el pasado 6 de julio, sus integrantes han sido incapaces de reunirse con los representantes de la Asamblea de Víctimas. Han hablado con la PGR, con el presidente de la CNDH, con el ombudsman de Oaxaca, pero no con los directamente afectados.
                                        

Más aún, varios legisladores han puesto en entredicho la versión de los hechos de las víctimas. Así sucedió, por ejemplo, el pasado 26 de julio. Ese día, el titular de la Defensoría de Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca, Arturo Peimbert, cuestionó ante la comisión que no está claro qué perseguía el operativo de la Policía Federal (PF) en Nochixtlán, porque si querían lograr el desalojo de la autopista en 15 minutos, lo consiguieron, y preguntó: ¿Por qué incursionaron y entraron a la zona urbana, a colonias como la 20 de Noviembre? Varios integrantes de la comisión respondieron iracundos poniendo en duda la versión del defensor.
Lo mismo hicieron cuando, en la misma reunión, denunció, recogiendo los testimonios de los afectados, que en los hospitales donde la PF tomó el control impidió al personal médico atender a la población civil y a los maestros. “Fue –dijo ante el visible malestar de los legisladores– en varios hospitales, y tenemos un oficio que nos escribe el propio IMSS explicándonos esta situación; es gravísima. A los lesionados se les acosó, se les intimidó y persiguió”.
                                        

Han pasado casi dos meses de la masacre de Nochixtlán, y el gobierno federal ha sido incapaz de ofrecer un relato coherente y creíble sobre lo sucedido. Sin embargo, se han filtrado a la prensa versiones que exculpan a la PF y a la Gendarmería de la represión, al tiempo que se inculpa a cinco organizaciones populares de la región. Está en marcha una nueva verdad histórica.
Urge conocer la verdad de los sucedido en Nochixtlán, castigar a los responsables y reparar el daño. Urge que niños y afectados sanen. Como dicen los víctimas: si el gobierno invirtió tanto para asesinarnos, que invierta ahora en curarnos.


miércoles, 10 de agosto de 2016

El largo camino hacia una educación alternativa

                                                 
                                        
Desde hace 23 años, la CNTE ha analizado y discutido cómo elaborar un proyecto de educación alternativo. No se ha conformado con ello. En varias entidades del país lo ha llevado a la práctica.
Lo ha hecho como parte de su propuesta estratégica de luchar por democratizar el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), democratizar la enseñanza y democratizar el país.
En el centro de este plan para diseñar una propuesta de enseñanza alterna se encuentra la preocupación por impulsar una educación pública, democrática, científica, popular, crítica, reflexiva y comprometida. Se trata, según resolvió el segundo congreso nacional ordinario de la Coordinadora, de una responsabilidad histórica que debe emanar de las bases.
                                          

El primer foro sobre educación alternativa organizado por la CNTE se efectuó el 11 y 12 de junio de 1983. Su objetivo fue proporcionar a los maestros de banquillo herramientas para avanzar en la apropiación de su materia de trabajo. Ese acto fue el punto de arranque de una larga serie de encuentros, conferencias, talleres, foros y congresos educativos, estatales y nacionales, en ocasiones sin continuidad entre sí.
En ese primer foro los participantes analizaron y discutieron rutas pedagógicas diferentes a las establecidos en los planes oficiales, los retos de la capacitación del magisterio y qué se entiende por democratizar de la enseñanza.
                                             

Meses después, el 29 y 30 de octubre en 1983, el magisterio oaxaqueño convocó a un grupo de prestigiados investigadores, pedagogos independientes y maestros al segundo Foro Nacional sobre Educación Alternativa. La agenda de trabajo fue tan amplia y ambiciosa que resultó muy difícil abordar todos los temas a profundidad.
Aunque el formato de trabajo que se siguió tuvo grandes limitaciones, las conclusiones a las que se llegó fueron ricas e interesantes. El centro de la discusión entre los delegados giró en torno al papel de la escuela en la transformación social. Los asistentes se agruparon en torno a dos grandes bloques: el de los reproduccionistas, que consideraban a la institución escolar un aparato ideológico de Estado que garantiza sin más la continuidad del sistema, y el de los liberacionistas, que veían en la escuela un instrumento para la concientización de la población.
Otro de los puntos abordados consistió en definir quién debía ser el sujeto del proceso de transformación educativa. Algunos participantes argumentaron en favor de dar un papel protagónico a figuras políticas tales como legisladores de izquierda o intelectuales con capacidad de persuadir al gobierno federal sobre la conveniencia de implementar algunas reformas. Otros insistieron en que el sujeto debía ser el maestro de banquillo, el que trabaja cada día en las aulas. Señalaron que se requería crear las condiciones para garantizar la participación de los profesores de base en la definición de las políticas educativas, de manera que pudieran aportar el conocimiento nacido de la experiencia diaria.
                                          

Para quienes defendieron la posición de avanzar en reformas desde el Estado y en la definición de políticas públicas, resultaba muy importante elaborar un proyecto acabado, no importando si por el momento los maestros de base lo apoyaban o no. Por el contrario, otros vieron en este debate la oportunidad de hacer de los maestros un actor pedagógico capaz de trascender la dinámica de lucha estrictamente gremial y economicista. Para ellos, la participación masiva del magisterio era fundamental en este proceso.
En los hechos se presentó allí un dilema que ha atravesado al movimiento magisterial a lo largo de su historia, y que años después la investigadora Susan Street resumió: si la democratización de la enseñanza debe entenderse como su ciudadanización, es decir, como la ampliación de todos los agentes escolares y comunitarios en la conducción del sistema educativo público; o, por el contrario, si se concibe como la construcción de un movimiento político de masas a partir de la apertura del magisterio hacia otros sectores de la población.
                                                             

Pero, más allá de las reflexiones y análisis en general, ese encuentro y los subsecuentes han sido particularmente ricos para compartir y contrastar las experiencias que se desarrollan a diario en las aulas, regiones, estados y niveles educativos.
En esos encuentros se analiza, por ejemplo, cómo se está recuperando las lenguas indígenas, la forma en que se enfoca el estudio de la historia, el español y las matemáticas, el qué hacer en comunidades donde los niños van a la escuela como mera estación de paso hacia su marcha a Estados Unidos, donde serán trabajadores indocumentados, o en regiones asoladas por la violencia del narcotráfico.
                                         

Estas experiencias transformadoras son obra de los profesores que se apropian de la materia de trabajo en sus aulas y zonas escolares y no de funcionarios públicos, académicos o intelectuales que elaboran propuestas desde fuera de las aulas. Parte de las huellas de este caminar puede rastrearse a través de las actas de múltiples reuniones reproducidas en el blog de la sección 9 (http://goo.gl/8L5cNh).
                                              

La coordinadora ha elaborado también propuestas de educación alternativa de largo aliento en varios estados. Entre ellas se encuentran las escuelas altamiranistas en Guerrero (http://goo.gl/5zzgNK), el Programa Democrático de Educación y Cultura y las escuelas integrales en Michoacán (https://goo.gl/XGA1ma), el Proyecto de Educación Alternativa de Chiapas, el nido de lengua (http://goo.gl/rI4UsH) y el Plan para la Transformación de la Educación en Oaxaca (http://goo.gl/xd8lcW). Su visión sobre los cambios en curso puede verse en Análisis y perspectivas de la reforma educativa (http://goo.gl/iKEwbW).
                                          

El foro nacional Hacia la construcción del proyecto de educación democrática: evaluación educativa integral, que se efectuará hoy martes 9 de agosto en el Centro de Convenciones Siglo XXI del IMSS, es un paso sustantivo en la ruta que la CNTE comenzó a caminar hace 23 años. Los maestros democráticos llegan allí sabiendo no sólo lo que no quieren, sino con muchas pistas de hacia dónde necesita moverse el sistema educativo nacional.