El
ingeniero Carlos Cruz Limón es vicepresidente de relaciones y
desarrollo del Tecnológico de Monterrey. Hace apenas seis meses, el
18 de febrero de 2016, participó en la firma de un lucrativo
convenio de colaboración entre su institución educativa y la
Secretaría de Educación Pública.
En
la ceremonia, entusiasmado con el acuerdo, explicó sus alcances: “En
el fondo –dijo– se trata de que instituciones privadas como el
Tec
tengan un rol
cada vez más importante en la educación en México”.
De
acuerdo con la SEP, mediante el pacto, el tecnológico privado
capacitará, sin licitación previa, a 60 mil profesores del sistema
público, a través de una plataforma que diseñó exclusivamente
para los maestros de la dependencia educativa. Este número podría
duplicarse. Aún más, la meta –anunció Cruz Limón en el acto–
es llegar
a un millón (de docentes) actualizados y mejor capacitados.
Foto Itesm
El arreglo no tiene pierde. Según Aurelio Nuño Mayer, secretario de Educación Pública, al programa (en el que participan otras instituciones privadas y públicas) se destinarán mil 809 millones de pesos.
El arreglo no tiene pierde. Según Aurelio Nuño Mayer, secretario de Educación Pública, al programa (en el que participan otras instituciones privadas y públicas) se destinarán mil 809 millones de pesos.
El
Tecnológico de Monterrey es el buque insignia educativo del
empresariado regiomontano. Es un negocio muy rentable. Se ha
expandido exitosamente en la mayoría del país, educando a los hijos
de las élites. Ahora también incursionará masivamente en la
capacitación de los profesores de educación pública básica y
media.
El
convenio no sorprende. Muchos de los funcionarios que hoy están al
frente de la SEP están estrechamente vinculados al Tec
y al mundo empresarial de la Sultana del Norte. Han sido a lo largo
de su vida directivos de esta institución académica, gerentes de
poderosas compañías regiomontanas y funcionarios públicos de
administraciones priístas. La lista es larga.
Otto
Granados Roldán, subsecretario de Planeación, titular de
Comunicación Social durante la mayor parte del sexenio de Carlos
Salinas y hoy uno de los principales consejeros y operadores del
secretario Nuño, fue, a lo largo de varios años, director general
del Instituto de Administración Pública del Sistema Tecnológico de
Monterrey.
Javier
Trevino Cantú, subsecretario de Educación Básica y amigo cercano
de Otto Granados, formó parte de la legislatura que aprobó la
reforma educativa, fue secretario de Gobierno de Nuevo León y un
estrecho colaborador de Lorenzo Zambrano, dueño de la cementera
Cemex. La columnista Ivonne Melgar lo describió como muy
afín a la mirada empresarial regia.
Irma
Gómez Cavazos, oficial mayor de la SEP, fue directora ejecutiva de
la comisión de estudios del sector privado para el desarrollo
sustentable, del Consejo Coordinador Empresarial. Decana de la Egade
Business School del Tec,
creó el centro de sostenibilidad y negocios. Antes había trabajado
en esa institución, entre 1995 y 2003, donde fue directora asociada
de asuntos académicos. Al igual que Javier Treviño, estuvo
vinculada al grupo Cemex.
Héctor
Gutiérrez de la Garza, director del Instituto Nacional de
Infraestructura Física Educativa (Inifed), organismo responsable de
aterrizar el multimillonario programa de Escuelas al Cien (50 mil
millones de pesos), nació también en la Sultana del Norte. Ex
diputado del PRI, fue directivo de la papelera Copamex. Como si fuera
un político en campaña, en su sitio web anuncia que como diputado
gestionó más de 580 millones de pesos para Nuevo León
(http://goo.gl/WY0AJA).
También
es regio
Edmundo Guajardo Garza, actual director general de formación
continua, actualización y desarrollo profesional en la Educación
Básica. Antes de ser funcionario gubernamental fue ejecutivo del
poderoso conglomerado Cydsa e Hylsa. Es autor del libro
Administración
de la calidad total.
Ex
secretario de Educación de Nuevo León, tuvo a su cargo la
implementación de la primera fase de la evaluación al desempeño en
la entidad. A pesar de su discurso sobre la calidad
total,
el proceso fue –a decir de quienes participaron en él– un
mugrero. El desaseo fue tal, que hasta el nuevo gobernador del
estado, Jaime Rodríguez Calderón, se vio obligado a hacer varias
críticas al proceso.
Ante
el descontento docente por el desgarriate organizativo
responsabilidad de Guajardo Garza, el funcionario respondió
invitando a los inconformes a incrementar la competitividad e
inscribirse para las pruebas de evaluación.
La
selección que el secretario de Educación neoleonés hizo de 4 mil
875 docentes para ser parte del primer grupo de evaluación al
desempeño fue fatal. A pesar de que era la parte más sencilla del
proceso, lo hizo muy mal. Y, en el eslabón más importante de la
cadena, que era la capacitación, el secretario no hizo nada. Ecos de
este fracaso se reflejaron en el balance de los resultados de la
evaluación del primer grupo difundidos por la consejera del INEE,
Sylvia Schmelkes. Allí la maestra Schmelkes admitió que en esta
primera etapa hubo algunas fallas y que enfrentaron dificultades con
los estados. Sin embargo, a pesar del fracaso, Edmundo Guajardo fue
designado responsable federal de la formación continua en el nivel
de educación básica.
La
subrogación de la capacitación docente a compañías privadas
estilo Tec
no es el único negocio que los empresarios harán con la reforma
educativa. Partes claves de la evaluación a maestros, la elaboración
de materiales didácticos, la publicación de textos, la venta y
alquiler de equipo y mobiliario, la construcción y mejoramiento de
escuelas y su financiamiento a través de los Certificados de
Infraestructura Escolar Nacional son algunas de las ventanas de
oportunidad que tendrán para obtener pingües beneficios en el
mercado
de la educación pública.
En la conexión regia de la reforma
educativa está una de las claves centrales que explican el porqué
del empecinamiento gubernamental y empresarial en no ceder un ápice
en la demanda de modificar la norma. En este engarce se condensan los
intereses de los señores del dinero por hacer de la enseñanza
pública su negocio particular, su pretensión de legitimar sus
instituciones educativas (creadas para tener ganancias para ellos)
como si fueran de vocación
pública
y la captura de los puestos claves de la SEP con sus cuadros.








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