La Habana.
La DEA -dice Marcos León Calarcá- no está interesada en la paz de
Colombia. Acusar a las FARC de hacer negocios con el Chapo Guzmán es una
maniobra de la agencia estadunidense para mantener la clasificación de
la guerrilla como organización narcotraficante. Para ellos es una fuente
de finanzas.
Marcos León Calarcá es parte de
la delegación de paz de las FARC en La Habana. Nacido en Cali en 1957,
quiso estudiar Ciencias Sociales, se incorporó a la Juventud Comunista y
con 20 años de edad se unió a la guerrilla. Conoce muy bien México y la
política mexicana, pues entre 1993 y 2002, estuvo a cargo de la oficina
que esa organización tuvo legalmente en nuestro país, hasta que el
entonces presidente Vicente Fox la cerró.
Domina a detalle los vericuetos del actual proceso de paz, también
de los anteriores. Fue parte de los acercamientos entre el gobierno de
César Gaviria y los alzados en Tlaxcala, México, e integrante del comité temático durante los diálogos entre el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) y su organización.
De hablar pausado, explicó en La Habana a La Jornada, a lo largo de más de una hora,
los retos y acechanzas que pesan para terminar por la vía de la
negociación un conflicto armado interno de casi 52 años. Esta es parte
de la conversación con él.
La ruta de la paz
¿Por qué un proceso de paz después de más de 50 años de guerra?
Desde nuestro origen
levantamos la bandera del diálogo como forma de solución. Fueron
innumerables los esfuerzos que hicieron los camaradas marquetalianos
-que fueron nuestros fundadores- para evitar la confrontación. Pero
fracasamos en eso. Y a partir de que nos cerraron violentamente la
puerta de la política abierta, de masas, se impuso la vía armada, la vía
revolucionaria. Desde entonces hemos insistido en alcanzar la paz en
distintas ocasiones.
Esta vez se
conjugan diversos elementos que nos permitieron decir que era posible.
De nuestro lado, el ánimo de buscar la salida política siempre ha estado
presente. Y pensamos que de la contraparte hay una necesidad de paz.
Esta convicción de nosotros, y necesidad de ellos, pasa también porque
es un clamor nacional, es un anhelo de las mayorías nacionales.
¿Qué ha hecho la Mesa de Diálogo para acerca las partes?, ¿cuál es la lógica con la que se desenvuelve?
La mesa ha tenido que
ensamblar su necesidad de paz y nuestra convicción de alcanzarla. Ellos
quieren una paz: la que le favorece a sus intereses económicos,
políticos, sociales, que son los intereses de una minoría. De la minoría
que siempre ha estado en el poder. Nosotros queremos una paz
transformadora. Una paz que resuelva las necesidades de las mayorías
empobrecidas, carentes de sus derechos básicos. La Mesa trata de
articular estas dos lógicas.
Sabemos que no
logramos el triunfo militar. Pero tenemos claro que no lograron
derrotarnos. La mesa no es para derrotar a nadie. Ni ellos a nosotros,
ni nosotros a ellos. Es para flexibilizar las posiciones hasta tal punto
que logremos identificar una paz que es incompleta tanto para ellos
como para nosotros, pero que permite seguir la lucha por los ideales
políticos sin necesidad de las armas.
El mandatario colombiano, Juan Manuel
Santos, el presidente cubano Raúl Castro y el dirigente máximo de las
FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), Rodrigo Londoño,
conocido con el nombre de guerra de Timoleón Jiménez o Timochenko, en La
Habana, el pasado 23 de septiembre. Foto Ap
Ustedes han
sufrido en poco tiempo la muerte (algunas violentas) de dirigentes
nacionales claves como Raúl Reyes, de Iván Ríos, de Alfonso Cano, del
'Mono Jojoy', de Manuel Marulanda. ¿Hasta dónde esos golpes forzaron que
se sentaran a dialogar?
Esas muertes nos
golpearon, nos afectaron. Eso no vamos a decir que no. Pero nunca como
para decir que eso nos obligó. No es lo que nos tiene en el diálogo.
Nuestra bandera de diálogo ha estado ahí desde el principio. Hay
analistas que plantean nuestra victoria militar como guerrilla, al haber
sido capaces de seguir existiendo después de semejante ofensiva de las
fuerzas armadas colombianas, con asesoría directa y participación de las
fuerzas del Imperio. El resistir eso
es ya un triunfo. Nosotros no creemos eso. Sencillamente vamos a la
búsqueda de una solución política entre partes iguales.
Generalmente
cuando hay procesos de paz entre grupos insurgentes y gobiernos, los
elementos más conservadores que se oponen al proceso dicen que se trata
de una trampa de la guerrilla para ganar tiempo y recomponer fuerzas.
¿Están ustedes ganando tiempo ahora?
Eso dicen también ahora. Los enemigos de la paz tienen un libreto para incentivar más la desconfianza, y esa acusación es parte de él. Pero con las medidas que hemos tomado se puede demostrar nuestra voluntad de paz. Por ejemplo, hemos dicho que vamos a modificar la edad de vinculación de las FARC, de 15 años como estaba a 17. Ante la insistencia de muchas organizaciones, entre ellas la ONU, acordamos modificarla a 18 años.
Dijimos: vamos a abandonar las retenciones de tipo económico, y
las abandonamos en 2012. Hemos dicho: vamos a abandonar el
entrenamiento militar. Vamos a dedicar ese tiempo a la formación
cultural e ideológica. Hemos dicho: vamos a parar la fabricación de
explosivos. Hemos dicho: no compremos más armas. Esas son medidas
prácticas que muestran nuestro compromiso.
Se dice que esas medidas son mentira, pero ante eso, nosotros no podemos mas que mostrar lo que estamos haciendo. Una
prueba de nuestra voluntad es la tregua. Durante este periodo hemos
hecho 6 treguas. Estamos manteniendo con bastante dificultades la que
decretamos el 20 de julio.
¿Por qué con dificultades?
Porque esto sectores
que son contrarios a la paz, están aprovechando para penetrar
militarmente en lugares donde nunca habían estado o de donde hace mucho
tiempo habían salido, para acosar a la guerrilla. Estamos en una tregua
ofensiva, pero eso no significa que estemos dispuestos a dejarnos matar.
Sabemos que
cualquier respuesta de la guerrilla daría pie a que sus enemigos hablen y
hagan fiesta porque el proceso quedaría maltrecho. Por eso hemos
insistido en denunciar ese hostigamiento y en llamar a las
organizaciones sociales y políticas a estar vigilantes de esa tregua y
denunciar ese tipo de hostigamiento; y ahí estamos, aunque hay momentos en que parece ser insostenible.
En estos tres años de negociaciones ustedes han alcanzado tres acuerdos. De manera resumida, ¿en qué consisten?
De tres partes: la introducción, la agenda y las normas de funcionamiento.
La agenda, que son los
puntos a tratar, tienen seis temas. De esos seis hemos llegado a
acuerdos -hay que aclarar que con salvedades- en tres: tierras,
participación política y cultivos ilícitos.
En tierras, lo
esencial, lo que guía todo el acuerdo, es que hay que fortalecer la
economía campesina. Hay que darle a los campesinos las posibilidades
para que lo sean, con tierra, asistencia técnica, y la infraestructura
para poner a producir los campos. Eso va acompañado también de reformas
en la educación, salud... En general, reformas destinadas a alcanzar el
buen vivir. Siempre, teniendo en cuenta el tema del ambiente. Hablamos
de un proyecto de economía campesina sustentable, que cuide el medio
ambiente.
Tenemos un
acuerdo sobre participación política. La esencia del acuerdo es la
democracia plena. Suena como pleonasmo pero hablamos de democracia
popular. Que se abran las posibilidades para que la gente de verdad
participe en política. Que participar en política y ser contrario a la
política oficial no implique un riesgo de vida, no implique que sean
declarados objetivos militares. Planteamos que se cumpla el estatuto de
oposición, que es un acuerdo de la Constitución de 1991, y que no se ha
podido hacer. Que haya un espacio de garantías para el quehacer del
movimiento social.
En esencia: democracia. Allí se plantean las dos posiciones.
Unos sostienen que hay que ampliar la democracia. Nosotros decimos que en Colombia no hay democracia. El
acuerdo sobre cultivos ilícitos está encaminado a resolver ese
problema, atacándolo en la parte que corresponde al país: la producción
de materia prima y la producción de coca. La producción de
materia prima se liga con el tema de fortalecimiento de la economía
campesina. El día en que el campesinado pueda tener opciones de vida
digna que no tenga que ver con lo ilegal, lo va a hacer. La gente no
cultiva coca porque quiere sino porque necesita subsistir. El campesino
que cultiva coca no se enriquece, subsiste. Se enriquece el
narcotraficante.
Las FARC entregaron el 30 de marzo de
2010 al sargento Pablo Emilio Moncayo; el oficial fue secuestrado en
diciembre de 1997. Foto Reuters
A ustedes se les ha acusado de ser una 'narcoguerrilla'. ¿Lo son?
No, categóricamente no.
No tenemos vínculos y lo hemos demostrado en muchas oportunidades. Por
ejemplo, el caso de Simón Trinidad, el camarada que tienen preso
en Estados Unidos. Lo extraditaron por supuestamente haber exportado
coca a Estados Unidos. Le hicieron tres juicios. No lograron demostrar
sus acusaciones. En los 3 juicios lo declararon inocente. Y le tuvieron
que hacer un cuarto juicio para sentenciarlo a 60 años de cárcel pero no
por el tema del narcotráfico sino por el tema de que, supuestamente, él
era responsable de la captura de 3 agentes de inteligencia
estadunidenses que estaban en poder de las FARC. Si fuera cierto
siquiera la mitad de todo eso que dicen, lo habrían realmente condenado.
Últimamente han salido informaciones provenientes de la DEA sobre la relación de las FARC con el Chapo Guzmán.
Es una
provocación. Ahora que vamos avanzando en este proceso, tenemos estos
tres acuerdos, y otros parciales como el de medidas de desescalamiento;
aparece la DEA con un informe, en el que vincula también al gobierno
panameño, en el que dice que somos responsables
de negocios con el Chapo Guzmán, y que supuestamente él, desde Panamá,
manejaba los negocios de las FARC. Eso no es cierto. No tienen ningún
asidero en la realidad.
¿Por qué hace eso la DEA?, ¿no está Estados Unidos interesado en alcanzar la paz?
La DEA no está
interesada en la paz del país. Y, mantener su acusación, o mantener la
clasificación de las FARC como organización narcotraficante, es fuente
de finanzas para ellos.
¿Estados Unidos está o no interesado en el proceso de paz?
No hay una
posición monolítica. Hay sectores importantes, de pronto mayoritarios,
que están de acuerdo con la paz. Pero hay sectores, poderosos, que ven
afectados sus negocios. Más allá del tema
ideológico está el tema económico. ¿Quienes están en contra de la paz?
Los que lucran de la guerra. Lucran desde el punto de vista económico y
desde el punto de vista político.
¿La presencia de Bernie Aronson acerca la paz o la boicotea?
Él es enviado especial
nombrado por Estados Unidos para el proceso, es el canal oficial. Hasta
donde hemos evaluado está interesado en que logre la paz.
Más allá de los
tres acuerdos, la negociación está estancada en el punto de la
judicatura y de los paramilitares. ¿En qué consiste?, ¿qué está en
juego?
Hay un tema serio en el
problema de la justicia. Desde un principio fuimos claros y dijimos: no
vamos a aceptar cárcel. Ningún grupo alzado en armas va a ir a una mesa
de negociación para salir a la cárcel. Eso no tiene sentido. Es un
problema de la llamada justicia.
Pusimos sobre la
mesa la propuesta de construir un sistema integral basado en la verdad,
con el objetivo central de resarcir a las víctimas. La verdad es uno de
los derechos fundamentales de las víctimas. Está en el centro de esta
propuesta. Hemos avanzado en eso y en medidas de justicia restaurativa,
no justicia punitiva.
¿Y los paramilitares?
Es un
tema que nos preocupa mucho, no sólo a nosotros sino al país. El
gobierno dice que no existen paramilitares, que son bandas criminales.
Dice que se acabó, pero la realidad muestra otra cosa. La realidad, ¿qué
dice?. Que siguen apareciendo retenes en las carreteras, en sitios
cercanos a las instalaciones militares. Que aparezcan retenes es grave,
pero lo más grave es que maten gente.
Es una
preocupación porque nosotros nos hemos enfrentado militarmente con los
paramilitares. Y en esa pelea estamos de igual a igual. No nos afecta, pero en general, afecta porque matan a la gente.
Hay un movimiento político que se llama 'Marcha Patriótica'.
Es reciente pero ya lleva más de 100 personas asesinadas a manos de
estos grupos paramilitares. Hay que recordar que en Colombia hay una
realidad que no se puede tapar, que no se puede olvidar: el genocidio a
la 'Unión Patriótica'.
Marcos León Calarca en una imagen de archivo. Foto Gerardo Arreola
¿Ese fantasma los persigue a ustedes al discutir el asunto de la reinserción?
Yo no diría que
nos persigue, diría que nos alerta a estar muy expectantes en el tema de
garantías de seguridad. Por eso, para nosotros esa comisión que está
tratando el tema de garantías de seguridad y paramilitarismo, que está
encabezada por un conocido de ustedes que es el coronel Óscar Naranjo y
un integrante nuestro del secretariado que es Pablo Catatumbo, es
importante que dé resultados. El paramilitarismo hay que desmantelarlo.
No sólo reconocerlo sino que hay que desmantelarlo, y
más allá de los factores fácticos están aquellos que lo financian, que
lo incentivan, que lo promueven como una forma de defender sus
privilegios. Muchos de los cuales han sido obtenidos de manera ilícita.
Ese es un tema central.
¿Cómo están abordando el tema de los desaparecidos?
Estamos avanzando.
Hicimos un acuerdo para comenzar a buscar los miles y miles de
desaparecidos que hay en el país. Es un arma que ha utilizado el Estado
colombiano para golpear a los movimientos sociales.
Más allá de los
desaparecidos en combate, de los desaparecidos a los que los desintegró
el explosivo, a los que quedaron tendidos en el terreno y nadie fue
capaz ni pudo recogerlos, más allá de eso, nos
interesa que aparezcan los desaparecidos del movimiento social y
político. Estamos hablando de gente desaparecida desde los setenta.
¿Qué hicieron con ellos? Primero los desaparecían las fuerzas militares, después
los desaparecían indirectamente a través de los paramilitares. Eso es
una verdad que no se puede ocultar, es una deuda que tiene la sociedad
con esas víctimas.
¿Cuáles son los siguientes pasos a dar en lo inmediato?
Cerrar el punto
de litigio y empezar a cerrar los otros temas. Nos hemos comprometido a
cerrar el proceso en seis meses pero vamos a hacer el esfuerzo para que
sea antes. Se ha perdido tiempo por la incongruencia del gobierno, pero
podemos intentar cumplir el plazo. Pero se necesita, primero, la
voluntad política de la contraparte. A veces se enredan demasiado. Y,
segundo, para convencerlos, necesitamos que cada vez más gente se
vincule a defender este proceso. No decimos a defender las propuestas de
las FARC, decimos a defender el proceso.
Acompañarnos de
lo que nos dijeron las delegaciones de víctimas. La exigencia que
hicieron: no se levanten de la mesa. No permitamos que se rompa la mesa.
¿Tiene el presidente Uribe fuerza para descarrilar este proceso?, ¿Él ha hecho de eso el centro de su propuesta política?
No creo. Tiene más rechazo
¿Hay garantías de que las FARC no se van a fraccionar en este proceso y una de sus partes va a seguir con acciones militares?
Una de las fortalezas
de las FARC es esa unidad. Estamos en La Habana una delegación de paz,
pero este proceso está siendo acompañado por toda la guerrillerada.
Todos los pasos que damos aquí se consultan, se comunican a la
guerrillerada. El secretariado del Estado Mayor sigue funcionando como
lo que es: la dirección máxima.
El principal negociador de las FARC, Iván Márquez (C) habla a los medios, en La Habana 19 de noviembre de 2014. Foto Reuters
¿Puede alcanzarse un proceso de paz en Colombia sin que el Ejército de Liberación Nacional (ELN) forme parte de él?
Con respecto a un
eventual proceso de negociaciones con el Ejército de Liberación
Nacional, nosotros tenemos un acuerdo: dos mesas y un sólo proceso.
Entendemos y compartimos cada una de las particularidades que las
organizaciones tienen, esperemos de verdad que pronto fructifique el
diálogo entre los compañeros de ELN y el gobierno.
Se ha aireado en público pero falta aterrizarla en la Mesa.
Si el proceso
de paz se consuma, ¿cómo ven ustedes el futuro de las FARC?, ¿un partido
político con representación parlamentaria?, ¿un movimiento no
institucional?, ¿qué visión tienen de sí mismos hacia adelante?
Nosotros nos vemos como
un movimiento político legal y abierto, ya no político-militar.
Luchando por nuestras banderas de construcción de una vida mejor, digna.
De una vida que responda a los derechos e intereses de las mayorías y
que se logre la paz.
El acuerdo trata de finalizar la confrontación armada, pero tenemos que construir la paz. Es muy violento que haya gente que se muera teniendo posibilidades médicas de salvación; es muy violento que se mueran niños de pura hambre; es muy violento que la gente tenga las puertas cerradas a la educación, al trabajo… Todo eso hay que solucionarlo.
¿Ese movimiento político que construirían tendría una ideología precisa?
Tendría la misma ideología, la gente nos conoce, no somos nosotros los que vamos a hacer la revolución, es la gente y nos toca convencerla. Esa es la tarea de ese movimiento político.
Estará en todas
las partes en las que pueda expresarse. En el parlamento, en las juntas
comunales, en los sindicatos, en las organizaciones de barrio, en las
organizaciones juveniles, en las de mujeres, de la diversidad sexual, en
todas partes.
El jefe de la delegación del gobierno
colombiano en los diálogos de paz con las FARC, Humberto de la Calle
(c), durante una conferencia, en La Habana, el 11 de noviembre de 2015.
Xinhua