El pasado 28 de
noviembre tembló en Oaxaca. A las 12:20 horas la tierra comenzó a
moverse. En las instalaciones de la ciudad administrativa maestros de
la entidad de diversas instituciones educativas se evaluaban. La
magnitud del sismo fue de 4.6 grados. Los profesores no fueron
desalojados. La prueba siguió. Fue entonces cuando, en plena
sacudida, un grupo de docentes del área de educación medida
superior reinterpretó a su manera el Dios
nunca muere, de su paisano Macedonio Alcalá,
alzó las manos y exclamó: ¡Dios está con la
CNTE!
Ése no fue el único
sismo que sacudió a Oaxaca ese día. Varios otros, provocados por la
inconformidad magisterial, zarandearon el estado. Muchos se
suscitaron dentro de la misma ciudad administrativa, donde
supuestamente se encontraban los maestros que estaban de acuerdo con
la evaluación. Los docentes de uno de los subsistemas educativos se
quitaron los suéteres y mostraron una playera blanca con un letrero
que decía: Vengo bajo protesta y obligado, si no
me corren.
Las expresiones de
descontento de los profesores convencidos
con la evaluación, que laboran en los planteles del Colegio de
Bachilleres o del Centro de Estudios Tecnológicos o en los del
Colegio de Educación Profesional Técnica, y que no pertenecen a la
sección 22, habían comenzado horas antes.
En plena madrugada,
emulando lo que en 1968 fue la manifestación de los trabajadores al
servicio del Estado organizada para desagraviar a Gustavo Díaz
Ordaz, nada más bajarse de los autobuses que los trasladaron a la
ciudad administrativa y cruzar el cerco de la Policía Federal, los
docentes comenzaron a gritar ¡Beee!, ¡beee!,
¡beee! ¡Ya llegamos! ¡Somos los borregos! ¡Venimos obligados!
Otros alzaron el puño y dijeron Nos obligaron a
venir, o Si yo fuera CNTE y
mi sindicato me respaldara no estaría aquí.
Su malestar se hizo
sentir, también, en pequeños actos simbólicos, como negarse a
comenzar el examen a las siete de la mañana, como querían las
autoridades, porque la convocatoria estipulaba que el inicio era a
las ocho. O no probar los desayunos que les ofrecieron y rechazar
llevarse a su casa la comida que sobró.
La realización de la
evaluación estuvo llena de anormalidades. Decenas de supuestos
maestros, en realidad cachirules,
desconocidos para sus compañeros, fueron colados para que en las
fotos distribuidas en los boletines oficiales los salones aparecieran
llenos de profesores haciendo la prueba. Muchos eran empleados del
gobierno del estado, a los que amenazaron con el despido si no
cooperaban. Otros eran, simple y llanamente, miembros de las
juventudes del PRI.
A trasmano, a varios
profesores se les dijo que no debían preocuparse, porque el
resultado del examen no tendría consecuencias para ellos. Los
examinadores del Ceneval permitieron que grupos de docentes
respondieran el cuestionario en colectivo. Más tarde, la segunda
etapa de la prueba programada para ese día fue suspendida.
El número final de
maestros de educación básica de la sección 22 que se evaluaron fue
muy pequeño. Quienes lo hicieron se presentaron por miedo, no por
convicción. Para variar, como lo han hecho en todo el país, las
autoridades manipularon las cifras. ¡Y ni siquiera se pusieron de
acuerdo entre ellas! Según el secretario Aurelio Nuño los
examinados fueron 2 mil 635, y de acuerdo con Gabino Cué alcanzaron
2 mil 981.
De ese número hay que
descontar a los profesores de bachilleratos generales y técnicos, a
los aspirantes a nuevo ingreso y a los afiliados de la sección 59,
formada por Elba Esther Gordillo y el ex gobernador Ulises Ruiz para
dividir a la 22. Es decir, la inmensa mayoría.
Para tratar de ocultar
el fracaso de su estrategia, las autoridades no permitieron el acceso
de la prensa durante la jornada de evaluación y tampoco estuvieron
presentes testigos. Sin embargo, decenas de testimonios sobre lo
sucedido ese día en la ciudad administrativa circulan en redes
sociales o han sido narrados por otras vías con la petición de que
no se incluya el nombre de quien lo brinda.
Ese 28 de noviembre
tembló también fuera de la ciudad administrativa. A pesar del
enorme despliegue policiaco y la campaña previa de amedrentamiento,
más de 20 mil maestros marcharon con la consigna: El
examen punitivo murió, en Oaxaca se enterró!
Tenían tras de sí a una dirección unificada y el respaldo de sus
líderes históricos.
Con rabia y prudencia,
sorteando la labor de los provocadores, lograron replegar cuatro
cercos policiales. Ni los toletes ni los gases lacrimógenos los
atemorizaron. De manera simultánea, otras movilizaciones se
realizaron en diversos puntos del estado. Un día después, los
trabajadores de la educación y sectores populares volvieron a tomar
las calles de la ciudad de Oaxaca.
Como lo hizo con sus
anteriores descalabros, y como si viviera en otro país, la SEP
declaró que la evaluación en Oaxaca había sido histórica.
Y Aurelio Nuño, titular de la dependencia, añadió: Lo
más importante es que tuvimos una participación de los profesores
de Oaxaca que poco a poco se empiezan a sacudir las presiones y el
yugo que ejercía esta sección 22 de la Coordinadora Nacional de
Trabajadores de la Educación (CNTE) y se van sumando a la reforma
educativa por el bien de la educación de los niños y de las niñas
de México.
Así se las gasta la
SEP. Aunque luego sus mentiras queden en evidencia. Así sucedió con
el fracaso de la evaluación el pasado 17 de noviembre en Durango,
Tlaxcala, Sonora, Zacatecas y Morelos. Allí se vio obligada a
separar de sus cargos a sus delegados en esas entidades. No
advirtieron a la SEP sobre las condiciones en que iba a aplicar la
evaluación de desempeño y las dificultades de la misma; así como
sobre la inconformidad magisterial por la reforma educativa y la
evaluación docente, señala una nota de Reforma
(http://goo.gl/2G61Me).
¿Hará ahora lo mismo la secretaría con Moisés Robles, el policía
que puso al frente del Ieepo?
¿Histórica la
evaluación oaxaqueña? Sí, si le tomamos la palabra a Arturo Cano,
quien escribió en su cuenta de Twitter: La
evaluación docente fue un éxito. Sólo requirieron 3.3 policías
por cada maestro que presentó el examen.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario