El
EZLN y el CNI acordaron consultar, con pueblos y comunidades, la
postulación de una mujer indígena como candidata a la Presidencia
de la República en los comicios de 2018. La decisión ha levantado
una enorme polémica. Unos ven en la determinación un giro de 180
grados en su línea de acción. Otros, su ingreso a la política.
Algunos más, una maniobra en la formación de una coalición
anti-Andrés Manuel López Obrador.
Estas
tres opiniones son, además de equivocadas, prejuiciosas. Están
basadas en la desinformación y en un esquema analítico que tiene
como punto de partida: quien no está conmigo, está contra mí.
Estos puntos de vista desconocen la historia y la trayectoria
política, tanto del EZLN como de las organizaciones indígenas que
forman parte del CNI.
Desde
que el EZLN emergió a la vida pública no ha sido una fuerza
abstencionista. No ha llamado a la abstención ni al boicot
electoral, sino a organizarse y luchar. Y, al menos en una ocasión,
promovió el voto por un candidato.
En
los comicios presidenciales del 21 de agosto de 1994, llamó a votar
contra el PRI, como parte de su lucha contra el sistema de partido de
Estado y del presidencialismo. Es más, el 15 de mayo de ese año, en
Guadalupe Tepeyac, las bases zapatistas y el subcomandante
Marcos
recibieron al candidato del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, y a su
comitiva. Los rebeldes los saludaron y reconocieron que el entonces
candidato los había escuchado con atención y respeto. De paso,
criticaron al sol azteca.
Unos
cuantos días después, mediante la Segunda Declaración de la Selva
Lacandona, convocaron a una
Convención Nacional Democrática de la que emane un gobierno
provisional o de transición, sea mediante la renuncia del Ejecutivo
federal o mediante la vía electoral.
Este proceso –señalaron entonces– debería desembocar en la
redacción de una nueva Carta Magna y en la realización de nuevas
elecciones.
Al
poco tiempo, el EZLN se sumó a la postulación del periodista Amado
Avendaño como candidato de la sociedad civil a la gubernatura de
Chiapas. Y, a raíz del fraude electoral que abortó su triunfo, lo
reconoció como gobernador en rebeldía y lo trató como tal.
A
finales de 2005 los zapatistas llamaron a organizar un gran
movimiento nacional para transformar las relaciones sociales,
elaborar un programa nacional de lucha y crear una nueva constitución
política. En este marco, impulsaron la
otra campaña,
una iniciativa de política popular desde abajo y a la izquierda,
independiente de los partidos políticos con registro, de corte
anticapitalista.
Aunque
la
otra campaña
nunca llamó a abstenerse ni a boicotear las elecciones, criticó
acremente a los candidatos de los tres principales partidos
políticos, incluido Andrés Manuel López Obrador. Cerca ya de las
elecciones del 2 de julio de 2006, pasada ya la represión a San
Salvador Atenco (3 y 4 de mayo de ese año) que cambió la dinámica
de esta iniciativa política, en un acto en el cine Revolución de la
Ciudad de México, el subcomandante
Marcos se
opuso personalmente a cuestionar a quienes pensaban sufragar. El
que quiera votar, que vote,
dijo allí.
A
los zapatistas se les quiso responsabilizar del resultado final de
los comicios de 2006 e incluso del fraude que le arrebató el triunfo
en las urnas a Andrés Manuel López Obrador. Hace unos días, el
dirigente de Morena denunció que en aquellas jornadas, el EZLN y la
iglesia progresista habían orientado a no votar por él (cosa que
nunca sucedió), ayudando indirectamente a robarle las elecciones.
Desde entonces, el debate ha sido amargo e intenso. No ha dejado de
serlo a pesar de que han transcurrido más de 10 años.
Durante
años, la posición de los zapatistas no varió. Así lo refrendó el
subcomandante
Moisés,
en el comunicado titulado Sobre
las elecciones: organizarse,
con fecha de abril de 2015. Allí advierte: “En estos días, como
de por sí cada que hay esa cosa que llaman ‘proceso electoral’,
escuchamos y miramos que salen con que el EZLN llama a la abstención,
o sea que el EZLN dice que no hay que votar. Eso y otras tonterías
dicen”.
Más
adelante aclara la postura rebelde sobre la coyuntura electoral de
ese año: Como
zapatistas que somos no llamamos a no votar ni tampoco a votar. Como
zapatistas que somos lo que hacemos, cada que se puede, es decirle a
la gente que se organice para resistir, para luchar, para tener lo
que se necesita.
El
reciente documento conjunto del EZLN y el CNI, Retiemble
en sus centros la tierra,
representa un cambio de posición de los rebeldes. Pero no de 180
grados, porque nunca han sido abstencionistas.
Allí
se llama a incursionar en una nueva forma de acción, que tiene como
eje central la participación directa en la coyuntura electoral, como
una forma de resistencia, organización y lucha. De colocar a los
indígenas y a su problemática en el centro de la agenda política
nacional. De hacer visibles las agresiones contra los pueblos
originarios. De construir el poder de los de abajo. La decisión no
significa el ingreso del EZLN a la lucha política. Los zapatistas
siempre han estado allí. Nunca han dejado de hacer política desde
que irrumpieron en la vida pública levantándose en armas en 1994.
Se puede o no estar de acuerdo en la política que han hecho, pero
reducir participación política a acción electoral en una coyuntura
es una tontería.
Lo
mismo puede decirse de las organizaciones que integran el CNI. La
movilización de los purépechas de Cherán (una experiencia clave en
el nuevo curso de la lucha indígena) por el reconocimiento de su
autogobierno y autonomía es esencialmente política. También la
experiencia de autodefensa náhuatl de Ostula, o la defensa de la
comunidad otomí Xochicuautla de su territorio y recursos naturales.
Nadie
tiene el monopolio de la representación política de la izquierda
mexicana. Esa representación se gana día a día en la lucha. Acusar
a los zapatistas y al CNI de hacerle el juego al gobierno porque
pretenden participar electoralmente en 2018, al margen de los
partidos políticos, es una muestra de prepotencia e intolerancia. A
final de cuentas, será la sociedad mexicana en lo general y los
pueblos indios en particular, los que decidirán si este camino es o
no útil para transformar el país.








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