Miles
de maestros de Nuevo León marcharon este 22 de junio en Monterrey.
Las estimaciones más conservadoras dicen que fueron 6 mil. Las más
optimistas aseguran que protestaron 12 mil. Hayan sido 6 mil o 12
mil, la magnitud de la movilización docente es inusitada para ese
estado.
Participaron
en la marcha profesores no sólo de la Sultana del Norte sino de
municipios alejados de la capital. También padres de familia e
integrantes de organizaciones sociales solidarias.
Poco
antes de iniciar la protesta, el gobernador Jaime Rodríguez Calderón
le pidió a un grupo de mentores con el que se entrevistó ‘‘portarse
bien’’ y no bloquear las calles. De paso les aseguró que él
estaba inconforme con la reforma educativa.
La
inmensa mayoría de los trabajadores de la educación,
pertenecientes a las secciones 21 y 50 del Sindicato Nacional de
Trabajadores de la Educación (SNTE), no
hizo caso a su solicitud. Tomaron
la avenida Morones Prieto, a la altura de la colonia Independencia,
y, rompiendo
el cerco de seguridad de los antimotines,
a la altura de Constitución, se brincaron los muros de contención y
ocuparon la vía.
Al
frente de a marcha, una enorme “serpiente de dos cabezas”, habían
dos
mantas con las consignas “Rechazo total a la reforma educativa” y
“Solución o paramos Nuevo León”. Los
asistentes
corearon consignas como “Bronco traidor, engañaste al profesor”
y “Oaxaca, aguanta, Nuevo León se levanta”. Abundaron
los insultos y las burlas hacia el secretario de Educación Aurelio
Nuño.
Más
allá del rechazo generalizado
a la reforma educativa, la movilización fue detonada por la
acumulación de varios problemas. Uno de los más importantes es el
de los cambios de adscripción. Cada año, miles de profesores de
todo el país buscan mover su lugar de trabajo a escuelas más
cercanas a su residencia, a localidades con mayores comodidades o a
sitios en los que viven
el resto de sus familares.
Según
el profesor José Cárdenas, este
año en Nuevo León solicitaron cambios de centro de trabajo unos 7
mil maestros. Pero, en lugar de tramitar estas peticiones de la
manera habitual, la secretaria de Educación de la entidad, Esthela
Gutiérrez Garza, al margen de la participación de los profesores y
de su sindicato, decidió realizar los cambios ella sola, inventando
criterios a modo o copiándolos de la SEP.
Intepretando
facciosamente
el
artículo 61 la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD),
la
secretaria
decidió que tendrán prioridad para trasladarse a otras escuelas los
2 mil profesores que fueron evaluados en la entidad y resultaron
destacados.
Según
ella, este mecanismo “atiende criterios nacionales de reconocer a
los maestros que obtuvieron un alto porcentaje en su evaluación”.
En
segundo nivel -señaló la doctora Gutiérrez- “están los maestros
que tuvieron una evaluación de bueno, y a partir de ahí el resto”.
Y añadió: “los cambios y la movilidad de personal es una función
de quien contrata y de quien dispensa la nómina”.
Esta
lectura
de la ley es absolutamente alevosa y sesgada. ¡Ni
siquiera el
10 por ciento del magisterio se sometió a una evaluación!. Designar
unilateralmente a quienes pueden ejercer este derecho es una
arbitrariedad. No en balde la
directriz levantó
una profunda ola de indignación entre los docentes.
El
artículo 61
establece
que
“Para
el desarrollo profesional de los docentes, las Autoridades Educativas
y los Organismos Descentralizados establecerán periodos mínimos de
permanencia en las escuelas y de procesos ordenados para la
autorización de cualquier cambio de Escuela. Asimismo, podrán
suscribir convenios para atender solicitudes de cambios de
adscripción del personal en distintas entidades federativa”. En
lugar establece que tendrán prioridad quienes se hayan evaluado.
Botón
de muestra
de cómo la reforma educativa le permite al Estado la recuperación
de la rectoría del sector, la flamante secretaria, doctora
en Economía Política,
ha sido acusada de
ejercicio indebido de funciones, cobrar
doble sueldo (como investigadora universitaria y como funcionaria
pública), hacer
de su chofer el operador mejor pagado del gobierno estatal, tener en
nómina directivos
que dobletean salarios y por encubrir nepotismo.
El
malestar magisterial en Nuevo León abreva también de otras fuentes.
Enumero
sólo tres. Primero, el
raquítico
aumento salarial de 3.15 por ciento, que el SNTE aceptó el pasado 14
de mayo, impacta solamente el sueldo tabular de los profesores y deja
fuera las prestaciones. Segundo,
importantes
estímulos que disfrutan los profesores que fueron parte de Carrera
Magisterial están congelados.Y, tercero, el
gobierno del estado tiene grandes
adeudos con los docentes pertenecientes a la categoría BC de Carrera
Magisterial.
En
la protesta han
desempeñado un importante papel directores e inspectores escolares,
muchos de ellos con 30 y 40 años de servicio. Demandan
que el sector que trabaja en primarias perciba el mismo salario que
el que lo hace en secundarias.
Ante
la inminencia de una nueva etapa de evaluación, directores e
inspectores critican que los criterios para realizarla no estén
claros, sus objetivos sean
imprecisos y no exista
personal calificado para aplicarla. Rechazan,
además, el trato antipedagógico que la SEP ha dado a los maestros
en este proceso.
En
Nuevo León existen 35 casos de maestros despedidos por no presentar
la evaluación, que impugnaron ante tribunales sus ceses. Dos de
ellos ya ganaron la disputa legal. El
enojo contra la evaluación punitiva crece cada día más.
Los dirigentes sindicales de las secciones 21 y 50 han tenido una actitud servil hacia la autoridad, en absoluta sincronía con la de su líder Juan Díaz de la Torre. Empapados hasta la médula de corrupción, han sido desbordados por los maestros de base. Simple y llanamente no confían en ellos.
Los dirigentes sindicales de las secciones 21 y 50 han tenido una actitud servil hacia la autoridad, en absoluta sincronía con la de su líder Juan Díaz de la Torre. Empapados hasta la médula de corrupción, han sido desbordados por los maestros de base. Simple y llanamente no confían en ellos.
La
impresionante serpiente
de dos cabezas
de los profesores neoloneses
es muy importante porque anuncia el despertar de un importante sector
de maestros norteños, que hasta ahora habían expresado su malestar
hacia la reforma educativa de manera soterrada y ahora lo hacen
tomando las calles y las plazas públicas. Muestra, de paso, la
creciente pérdida de control sindical de Juan Díaz de la Torre.





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