Este 2 de noviembre
reinó el caos. La SEP anunció que habría clases. Pero apenas nadie
le hizo caso. Y, ante la evidencia del fracaso de su instrucción,
tuvo que recular y decir que, en caso de que alguna autoridad
educativa estatal, en el ejercicio de sus facultades, autorizara la
suspensión de actividades lectivas, debería asegurar la reposición
del día.
Con la misma
esquizofrenia informativa, la secretaría declaró que entre el
magisterio hay un gran respaldo a la evaluación, pero que ampliaba
el plazo para que los maestros presentaran evidencias de su desempeño
profesional. Ramiro Álvarez, coordinador nacional del Servicio
Profesional Docente, aseguró que ha habido una
respuesta muy padre para la educación de este país,
y que los profesores han respondido masivamente al llamado a
evaluarse.
Pero, de ser eso cierto,
¿por qué la SEP pospuso, una vez más, el plazo para presentar
evidencias, y anunció que los maestros pueden hacer el examen aunque
no hayan cumplido con este requisito? La respuesta es obvia: porque
es mentira que muchos maestros acepten la evaluación y están
desobedeciendo la orden de la SEP.
Los profesores que han
sido designados por la autoridad para someterse a la evaluación
sobre el desempeño deben seguir cuatro pasos. En el primero, el
director de la escuela debe dar un informe sobre el maestro a su
cargo. En el segundo, el docente está obligado a subir a una
plataforma (que funciona muy mal) otro sobre su desempeño laboral.
Estas dos fases han tenido que ser aplazadas de manera reiterada.
La tercera y cuarta
etapas consisten en la aplicación de un examen estandarizado de
opción múltiple, que hace las mismas preguntas a profesores que
laboran en distintas realidades socioeconómicas y culturales.
Este afán de la SEP de
ocultar y desvirtuar la realidad es aún mayor a la hora de informar
sobre el pleito que tiene con el magisterio democrático. Con
euforia, omnipotencia y soberbia, los funcionarios educativos han
anunciado, un día sí y otro también, que la CNTE está derrotada y
que la reforma educativa avanza en todo el país. Lo hacen, al tiempo
que encarcelan a cuatro de sus dirigentes locales en penales de alta
seguridad, amenazan con arrestar a 116 más y advierten que serán
despedidos los profesores que no se evalúen. ¿Por qué reprimir de
esta manera si la disidencia ya fue vencida?
Como parte de esta
política ficción, apenas este lunes, el secretario Aurelio Nuño
declaró a Excélsior
que en Oaxaca, antes de retomar la rectoría del
estado en materia educativa, y crear el nuevo
Instituto Estatal de Educación Pública en Oaxaca (Ieepo), la
sección 22 lograba que todos los maestros de la entidad suspendieran
labores. Según él, antes la dirección sindical movilizaba en las
calles a 30 mil docentes. Ahora, sostiene el secretario Nuño, en el
pasado paro del 2 de octubre laboraron 30 por ciento de los
trabajadores de la educación, y en el del 12 trabajó 35 por ciento.
Además –dijo– sólo marcharon 5 mil personas.
Falso. En Oaxaca nunca
suspendieron labores todos los maestros. Desde 2006 existe, por obra
y gracia de Elba Esther Gordillo y del ex gobernador Ulises Ruiz, un
grupo disidente, agrupado en la sección 59. Ellos se han dedicado
religiosamente a tratar de esquirolear el movimiento. Hay también
escuelas donde la comunidad ha pedido a sus profesores no parar y
ellos lo han aceptado.
También es falso que en
los dos paros recientes laboraron 30 y 35 por ciento de los docentes,
y que marcharon sólo 5 mil. En ambos casos suspendieron actividades
más de 80 por ciento de los trabajadores de la educación y, a pesar
del despliegue policiaco y militar, se movilizaron más de 50 mil
personas.
No sólo eso. El nuevo
Ieepo está semiparalizado. La semana pasada sus oficinas fueron
bloqueadas durante tres días seguidos por grupos de maestros
jubilados y profesores que tienen años trabajando sin que se les
pague su salario.
Según Aurelio Nuño,
los mentores en Oaxaca se están liberalizando
de un régimen sindical autoritario que, durante tres décadas,
controló su vida y su futuro. Semejante acusación es,
simultáneamente, muestra de una enorme ignorancia sobre la
naturaleza e historia del movimiento magisterial y una ofensa. Quien
tiene presos a cuatro maestros es el gobierno federal.
Un solo hecho permite
contrastar lo absurdo del dicho del secretario. Tan sólo entre 1979
y 2000 fueron asesinados o desaparecidos 152 maestros democráticos
en el país, la mayoría oaxaqueños. El pasado 16 de septiembre
fueron ultimados dos profesores de la CNTE que laboraban en el
municipio de Guevea de Humboldt. Y el 23 de septiembre fueron
ejecutados otros dos mentores oaxaqueños. Uno es Alejandro Leal, ex
secretario general de la sección 22 entre 2001 y 2004, que formó
parte de la sección 59, y quien en las últimas semanas se había
acercado nuevamente a la 22.
Por lo pronto, este 2 de
noviembre el magisterio oaxaqueño celebró el Día de Muertos entre
protestas. Es parte de un plan de lucha más amplio, integrado por
acciones como el bloqueo de carreteras, foros de denuncia y una
marcha-caravana al penal del Altiplano para exigir la libertad de sus
compañeros. Demanda también que el gobierno federal abra
negociaciones. Asimismo, la sección 22 efectuará un juicio político
al gobernador Gabino Cué. Y, para desmentir lo dicho por la SEP, no
permitirá la evaluación docente en la entidad, al menos que se
monte un simulacro de ella en la Zona Militar.
Está claro que las
afirmaciones de la SEP y su titular no son comunicación real. Son
propaganda, una especie de publicidad comercial trasladada a la
esfera política. Una maniobra para no negociar.
Decía Aldous Huxley que
lo que el propagandista hace es canalizar una corriente ya existente,
y que si trata de hacerlo en una tierra sin agua, cava en vano. La
estrategia de comunicación de la SEP hacia el conflicto magisterial
cava en vano. Al tiempo que, de manera alarmante, crea las
condiciones para incendiar Oaxaca y otras partes del país.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario