martes, 10 de noviembre de 2015

El asesinato de don Moi, el fabriquero de mezcal

Moisés Calzada Rendón, nieto de mezcalero, hijo de mezcalero, mezcalero él mismo, padre de mezcaleros fue salvajemente asesinado este 9 de noviembre. Los criminales lo golpearon hasta casi quitarle la vida y luego pasaron una camioneta Ford 250 por encima de su cuerpo. Tenía 65 años de edad.
No fue la única víctima. Ese día, en la comunidad de Tetitlán de las Limas, municipio de Chilapa, se cometió un multihomicidio. Compadre de pila desde hace años del ex secretario de Seguridad Pública municipal, Silvestre Carreto González, don Moi estaba en su casa con cinco personas más, parientes todos de Carreto, cuando los asesinos llegaron. Dos hombres más, una mujer, un niño y una niña fueron ultimados con saña inimaginable.



De origen náhuatl, Moisés Calzada era productor de mezcal, actividad a la que se dedicó en cuerpo y alma. Desde muy joven aprendió el oficio. "Desde chamaco -me contó en 2004- mi 'apá fue mi maestro mezcalero." Pero al hacerlo violó la ley. La fabricación de la bebida era una actividad ilícita hasta hace apenas unos años.
Nacido en Chilapa, tenía presente las dificultades de la historia familiar para destilar la bebida alcohólica. "Desde mis abuelos -decía- fuimos fabriqueros. Pero las suyas se consideraban fábricas clandestinas, escondidas por allá en la serranía. Varias veces a mi 'apá le llegaron a embargar los lugares donde trabajaba. Eran de la policía. Se bebían el mezcal. Nunca supimos que lo tiraran. Ahora ya no hay que estarse escondiendo."
Efectivamente, la elaboración de la bebida era ilícita y se perseguía. Las autoridades exigían permisos pero no se sabía dónde tramitarlos. Los fabriqueros debían torearlas, sobre todo a la policía judicial, que era la que reprimía a los productores. Pero, la tradición de procesarlo sobrevivió. Arraigada a la cultura y gastronomía regional, viva en la fiesta y el hogar, su producción siguió en la clandestinidad. No es sino hasta 1987 que la situación comenzó a legalizarse.
Don Moi sembraba también maíz y frijol, y tenía un vivero para crecer la leña que utilizaba para elaborar su elíxir. Era respetado y querido en la comunidad y en la región. Era reconocido como el mejor mezcalero de aquellos rumbos. Su bebida destacaba por su calidad y pureza. Era una verdadera joya en un negocio en el que han comenzado a proliferar las adulteraciones y la industrialización. Él era conocido como un hombre probo, de gran sapiencia, responsable y de una gran capacidad pedagógica para enseñar los secretos del arte de la destilación.
                          
 
Por ello, Moisés era el presidente de la Asociación de Magueyeros y Mezcaleros de Chilapan (Ammchi). Él comercializaba su producto con una asociación campesina regional democrática: la Sanzekan, clave en la organización de los mezcaleros de la región y en la promoción de un proyecto de desarrollo sustentable.
La palabra mezcal proviene de los vocablos náhuatl metl e ixcalli, que significan "agave cocido al horno". De acuerdo con la Norma Oficial Mexicana (NOM), el mezcal es una bebida que se obtiene por la destilación y rectificación de los mostos preparados directamente con los azúcares extraídos de las cabezas maduras de los agaves, mismas que son previamente cocidas y sometidas a fermentación alcohólica.
El mezcal es un producto netamente indígena y campesino, asociado a fiestas, ritos y curaciones. Diversos estudios señalan que su elaboración se remonta hasta el 400 antes de Cristo. De acuerdo con GEA, en muchas regiones indígenas y campesinas existen registros de producción de mezcal que datan de hace 200 años o más.
En principio, el gusto por el mezcal proviene de las regiones donde se produce. "La mayoría de la gente conoce el mezcal -explicaba el maestro Calzada-. Está en su terrenito, lo corta para poder hacer su fiesta. Como le tienen mucha fe, mucho aprecio, lo toman en las fiestas del 3 de mayo (Santa Cruz), 24 de junio del barrio San Juan, 15 de agosto (Asunción de María) y 16 de noviembre (Santa Gertrudis). Es bueno para un pozole. Para un bautizo el mezcal es el que está por delante. La gente en la región conoce al productor de mezcal y le tiene confianza. 'Oye', le dice, 'voy a tal parte y voy a ser padrino de bebida' y se lleva el mezcal pa'llá. La gente nos conoce en nuestro trabajo."
Don Moi aseguraba que el caldo tiene propiedades terapéuticas. "El mezcal -según él- lo han utilizado anteriormente como medicina. Cura la presión. Que si una señora acaba de recibir un susto y acaba de tener a su bebito, lo primero es darle su copa de mezcal. Lo toman como remedio. Ayuda a los nervios, tranquiliza demasiado. Para algún coraje que haga, lo primero es darle su copa de mezcal. Siempre ha sido curativo. Está garantizado. Es saludable de por sí. Claro, con medida." Además -aseguraba don Moi- “no hace cruda, es relajante y platicador."
Moisés Calzada utilizaba para fabricar su mezcal el maguey papalote, conocido científicamente como Agave cupreata, variedad que se encuentra en la Montaña de Guerrero, se extiende por el río Balsas y llega hasta Michoacán.
Ser maestro mezcalero en la comunidad no es sólo asunto de negocio, sino de orgullo y honor. Y para elaborar la bebida con más calidad, explicaba el maestro Calzada, "hay que trabajar en marzo, abril y mayo, porque es el mejor mezcal. Entre más fuerte esté la calor sus azúcares están más conservados, más centrados. Después no, porque el maguey está aguanoso, da menos rendimiento y menos calidad".
"Hablando de sabor, la mejor calidad es la del maguey capón -afirmaba Calzada. Maguey capón es aquel al que se le capa, esto es, al que se le corta el calegual." Los magueyes, afirma Catarina, sólo florecen una vez en su vida. "Se mueren de parto. Ocho o 10 años de crecimiento para lanzar su flor, y muere la planta. El calegual es la parte de la planta de la que sale la inflorescencia. Ahí se concentran los azúcares del agave." Esos azúcares se convierten después en alcohol de un gusto definido.
El fabriquero Moisés Calzada rechazó siempre tequilizar la producción mezcalera. Convencido de que había que mantener su calidad a toda costa, defendió su elaboración artesanal en contra de la pretensión de industrializarlo.
La comunidad de Tetitlán de las Limas, donde nació y vivió don Moi. era, hasta 9 de noviembre, una localidad tranquila. No había en ella la violencia que hay, por ejemplo, en Ahuihuiyuco y en Tepozcuautla, donde Rojos y Ardillos se disputan a sangre y fuego la plaza.
El asesinato de Moisés Calzada es parte del clima de violencia que azota salvajemente Guerrero. Lejos de disminuir con la llegada del priísta Héctor Astudillo a la gubernatura de la entidad, la inseguridad ha crecido. Sin ir más lejos, el pasado domingo, hombres armados rafaguearon un taller mecánico habilitado como palenque en Cuajinicuilapa y después ingresaron y dispararon contra los asistentes: 12 personas murieron.
Es necesario detener la cacería. El asesinato de don Moisés Calzada debe ser esclarecido y los homicidas castigados. Y, dondequiera se encuentre hoy el maestro Calzada, levanto un caballito de su delicioso mezcal Sanzeka, y brindo a su memoria. ¡Salud don Moi!


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