Moisés
Calzada Rendón, nieto de mezcalero, hijo de mezcalero, mezcalero él
mismo, padre de mezcaleros fue salvajemente asesinado este 9 de
noviembre. Los criminales lo golpearon hasta casi quitarle la vida y
luego pasaron una camioneta Ford 250 por encima de su cuerpo. Tenía
65 años de edad.
No
fue la única víctima. Ese día, en la comunidad de Tetitlán de las
Limas, municipio de Chilapa, se cometió un multihomicidio. Compadre
de pila desde hace años del ex secretario de Seguridad Pública
municipal, Silvestre Carreto González, don Moi estaba en su casa con
cinco personas más, parientes todos de Carreto, cuando los asesinos
llegaron. Dos hombres más, una mujer, un niño y una niña fueron
ultimados con saña inimaginable.
De
origen náhuatl, Moisés Calzada era productor de mezcal, actividad a
la que se dedicó en cuerpo y alma. Desde muy joven aprendió el
oficio. "Desde chamaco -me contó en 2004- mi 'apá fue mi
maestro mezcalero." Pero al hacerlo violó la ley. La
fabricación de la bebida era una actividad ilícita hasta hace
apenas unos años.
Nacido
en Chilapa, tenía presente las dificultades de la historia familiar
para destilar la bebida alcohólica. "Desde mis abuelos -decía-
fuimos fabriqueros. Pero las
suyas se consideraban fábricas clandestinas, escondidas por allá en
la serranía. Varias veces a mi 'apá le llegaron a embargar los
lugares donde trabajaba. Eran de la policía. Se bebían el mezcal.
Nunca supimos que lo tiraran. Ahora ya no hay que estarse
escondiendo."
Efectivamente,
la elaboración de la bebida era ilícita y se perseguía. Las
autoridades exigían permisos pero no se sabía dónde tramitarlos.
Los fabriqueros debían torearlas, sobre todo a la policía
judicial, que era la que reprimía a los productores. Pero, la
tradición de procesarlo sobrevivió. Arraigada a la cultura y
gastronomía regional, viva en la fiesta y el hogar, su producción
siguió en la clandestinidad. No es sino hasta 1987 que la situación
comenzó a legalizarse.
Don
Moi sembraba también maíz y frijol, y tenía un vivero para crecer
la leña que utilizaba para elaborar su elíxir. Era respetado y
querido en la comunidad y en la región. Era reconocido como el mejor
mezcalero de aquellos rumbos. Su bebida destacaba por su calidad y
pureza. Era una verdadera joya en un negocio en el que han comenzado
a proliferar las adulteraciones y la industrialización. Él era
conocido como un hombre probo, de gran sapiencia, responsable y de
una gran capacidad pedagógica para enseñar los secretos del arte de
la destilación.
Por
ello, Moisés era el presidente de la Asociación de Magueyeros y
Mezcaleros de Chilapan (Ammchi). Él comercializaba su producto con
una asociación campesina regional democrática: la Sanzekan, clave
en la organización de los mezcaleros de la región y en la promoción
de un proyecto de desarrollo sustentable.
La
palabra mezcal proviene de los vocablos náhuatl metl e
ixcalli, que significan "agave cocido al horno". De
acuerdo con la Norma Oficial Mexicana (NOM), el mezcal es una bebida
que se obtiene por la destilación y rectificación de los mostos
preparados directamente con los azúcares extraídos de las cabezas
maduras de los agaves, mismas que son previamente cocidas y sometidas
a fermentación alcohólica.
El
mezcal es un producto netamente indígena y campesino, asociado a
fiestas, ritos y curaciones. Diversos estudios señalan que su
elaboración se remonta hasta el 400 antes de Cristo. De acuerdo con
GEA, en muchas regiones indígenas y campesinas existen registros de
producción de mezcal que datan de hace 200 años o más.
En
principio, el gusto por el mezcal proviene de las regiones donde se
produce. "La mayoría de la gente conoce el mezcal -explicaba el
maestro Calzada-. Está en su terrenito, lo corta para poder hacer su
fiesta. Como le tienen mucha fe, mucho aprecio, lo toman en las
fiestas del 3 de mayo (Santa Cruz), 24 de junio del barrio San Juan,
15 de agosto (Asunción de María) y 16 de noviembre (Santa
Gertrudis). Es bueno para un pozole. Para un bautizo el mezcal es el
que está por delante. La gente en la región conoce al productor de
mezcal y le tiene confianza. 'Oye', le dice, 'voy a tal parte y voy a
ser padrino de bebida' y se lleva el mezcal pa'llá. La gente nos
conoce en nuestro trabajo."
Don
Moi aseguraba que el caldo tiene propiedades terapéuticas. "El
mezcal -según él- lo han utilizado anteriormente como medicina.
Cura la presión. Que si una señora acaba de recibir un susto y
acaba de tener a su bebito, lo primero es darle su copa de mezcal. Lo
toman como remedio. Ayuda a los nervios, tranquiliza demasiado. Para
algún coraje que haga, lo primero es darle su copa de mezcal.
Siempre ha sido curativo. Está garantizado. Es saludable de por sí.
Claro, con medida." Además -aseguraba don Moi- “no hace
cruda, es relajante y platicador."
Moisés
Calzada utilizaba para fabricar su mezcal el maguey papalote,
conocido científicamente como Agave cupreata, variedad que se
encuentra en la Montaña de Guerrero, se extiende por el río Balsas
y llega hasta Michoacán.
Ser
maestro mezcalero en la comunidad no es sólo asunto de negocio, sino
de orgullo y honor. Y para elaborar la bebida con más calidad,
explicaba el maestro Calzada, "hay que trabajar en marzo, abril
y mayo, porque es el mejor mezcal. Entre más fuerte esté la calor
sus azúcares están más conservados, más centrados. Después no,
porque el maguey está aguanoso, da menos rendimiento y menos
calidad".
"Hablando
de sabor, la mejor calidad es la del maguey capón -afirmaba Calzada.
Maguey capón es aquel al que se le capa, esto es, al que se le corta
el calegual." Los magueyes, afirma Catarina, sólo florecen una
vez en su vida. "Se mueren de parto. Ocho o 10 años de
crecimiento para lanzar su flor, y muere la planta. El calegual es la
parte de la planta de la que sale la inflorescencia. Ahí se
concentran los azúcares del agave." Esos azúcares se
convierten después en alcohol de un gusto definido.
El
fabriquero Moisés Calzada rechazó siempre tequilizar la
producción mezcalera. Convencido de que había que mantener su
calidad a toda costa, defendió su elaboración artesanal en contra
de la pretensión de industrializarlo.
La
comunidad de Tetitlán de las Limas, donde nació y vivió don Moi.
era, hasta 9 de noviembre, una localidad tranquila. No había en ella
la violencia que hay, por ejemplo, en Ahuihuiyuco y en Tepozcuautla,
donde Rojos y Ardillos se disputan a sangre y fuego la plaza.
El
asesinato de Moisés Calzada es parte del clima de violencia que
azota salvajemente Guerrero. Lejos de disminuir con la llegada del
priísta Héctor Astudillo a la gubernatura de la entidad, la
inseguridad ha crecido. Sin ir más lejos, el pasado domingo, hombres
armados rafaguearon un taller mecánico habilitado como palenque en
Cuajinicuilapa y después ingresaron y dispararon contra los
asistentes: 12 personas murieron.
Es necesario detener la
cacería. El asesinato de don Moisés Calzada debe ser esclarecido y
los homicidas castigados. Y, dondequiera se encuentre hoy el maestro
Calzada, levanto un caballito de su
delicioso mezcal Sanzeka,
y brindo a su memoria. ¡Salud don Moi!


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