Durante
114 días, la resistencia magisterial contra la reforma educativa ha
estado en el centro de la agenda política nacional. Desde el pasado
15 de mayo, la huelga docente y la lucha de los padres de familia en
defensa de la enseñanza pública ha sacudido regiones enteras del
país, alterado la marcha de la economía y crispado el mundo de la
política institucional.
No
hubo, en todo este tiempo, una noticia que mereciera más ocho
columnas de la prensa escrita y más cobertura en los noticiarios
radiofónicos y en los telediarios. La cuestión educativa y las
protestas magisteriales atravesaron la vida cotidiana de millones de
ciudadanos. En comidas y reuniones familiares, transportes públicos,
centros de trabajo, asambleas y reuniones universitarias el asunto se
convirtió en tema obligado de conversación y debate.
A
lo largo de estos casi cuatro meses, los maestros de la CNTE y sus
aliados lograron que amplias franjas de la sociedad reconocieran que
la reforma educativa está lejos de ser una solución a las carencias
de la enseñanza pública en el país. Hicieron evidente que, por el
contrario, es un verdadero problema. Mostraron que detrás de ella se
esconden intereses empresariales que se disfrazan de ciudadanos, y
que utilizan la coartada de los derechos de la niñez para hacer
negocios. Esclarecieron que las leyes secundarias aprobadas por el
Congreso de la Unión están mal hechas y peor aplicadas.
El
movimiento magisterial ha sido, desde hace casi cuatro años, un
dique social a las reformas neoliberales en marcha. Durante estos
últimos 114 días, sus integrantes enseñaron en las calles, en las
plazas y en las vías de comunicación el carácter antipopular y
antinacional de las modificaciones legales presumidas por Enrique
Peña Nieto como el gran logro de su administración.
En
distintos momentos, a lo largo de los primeros meses de 2016, el
gobierno federal anunció el fin
de la CNTE,
su derrota definitiva. La huelga nacional magisterial iniciada el
pasado 16 de mayo demostró que las declaraciones gubernamentales
eran baladronadas. La coordinadora no había sido vencida y, por el
contrario, ahora es más fuerte que nunca. Los maestros abatieron la
estrategia guerrerista de Aurelio Nuño (que demostró ser un pésimo
político y peor policía).
De
paso, la CNTE demostró que es un intelocutor necesario y legítimo
para abordar la agenda educativa del país. Los maestros obligaron a
las autoridades a sentarse a negociar y a que se les hicieran
concesiones significativas. Clave en este diálogo fue el papel de la
Comisión Nacional de Mediación (Conamed).
Muy
pocos movimientos han sido objeto de una campaña de desinformación
y estigmatización como la que el gobierno federal y el mundo
empresarial emprendieron contra los trabajadores de la educación en
lucha. Como si estuviéramos en plena guerra
fría
y los maestros fueran enemigos del país, políticos, líderes
patronales y comunicadores lanzaron contra ellos todo tipo de
calumnias y falsedades. El espíritu represor de Gustavo Díaz Ordaz
rencarnó en Los Pinos.
A
pesar de ello, la coordinadora ganó el respaldo de destacados
investigadores educativos, de muy importantes intelectuales, del
EZLN, de pueblos indígenas, de jerarcas religiosos y feligreses, de
innumerables organizaciones sociales y de multitud de padres de
familia. El foro de la CNTE Hacia
la construcción del proyecto de educación democrática, celebrado
el 9 de agosto de 2016 en el Centro Médico Siglo XXI, fue un momento
central de este apoyo.
El
movimiento magisterial no logró la solución de su principal
demanda: la abrogación de la reforma educativa. En cambio, demostró
que en amplias regiones del país esa reforma está muerta. Nunca se
va a poder aplicar. En Chiapas, el gobierno federal tuvo que aceptar,
simple y llanamente, abrir un paréntesis en su implementación hasta
2018.
El
mismo Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación
suspendió la evaluación al desempeño docente durante un año,
limitándola a aquellos que la presentaron y obtuvieron resultados
deficientes. El instituto reconoció, además, que tenía que
modificar el tipo de evaluación en las escuelas multigrado y de
educación indígena (casi 43 por ciento de las escuelas del país).
A
pesar del complejo de avestruz del Congreso de la Unión y de su
vocación de esconder la cabeza para ignorar los grandes problemas,
el debate sobre la reforma educativa llegó también, por obra de la
lucha magisterial, a este poder. Los legisladores que se negaban a
reconocer que era necesario modificar la norma tuvieron que tragarse
sus palabras. La discusión está allí. Y, aunque todavía está en
veremos si el conflicto encontrará una vía de solución a través
de las Cámaras o seguirá dominando la vocación autista de muchos
legisladores, la pelota está en su cancha.
No
obstante que la SEP y el SNTE negociaron en secreto que el aumento al
salario base de 3.5 por ciento no se aplicara a más de medio millón
de maestros que se encuentran en carrera magisterial, las protestas
docentes (incluidas las de Nuevo León) echaron atrás este acuerdo.
El
movimiento logró liberar a ocho de los dirigentes oaxaqueños
presos. Sin embargo, cerca de 32 siguen en las cárceles, acusados de
delitos fabricados y absurdos. No se ha hecho justicia a las víctimas
de la masacre gubernamental de Nochixtlán. Peor aún, sigue en el
aire la tentación gubernamental de involucrar falsamente en esos
hechos a seis organizaciones sociales ligadas al movimiento
magisterial. No hay un solo responsable castigado por el asesinato a
manos de la policía de los profesores Claudio Castillo, Antonio
Vivar Díaz, David Gemayel Ruiz.
A
pesar de ello, es indudable que el movimiento magisterial ha
cosechado muchos y muy importantes triunfos en esta última oleada.
El sábado 10 de septiembre, su Asamblea Nacional Representativa
(ANR) acordará el rumbo que seguirá su lucha. Entre otras cosas,
teniendo como telón de fondo la decisión del magisterio de regresar
a clases y la consulta en marcha de los profesores chiapanecos,
determinará si mantiene o modifica sus actuales formas de protesta,
sin renunciar a seguir la movilización. Decida lo que decida, tiene
en su haber, tras de estos 114 días que sacudieron a México, logros
históricos.







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