La notoriedad que el
levantamiento armado zapatista adquirió en los medios masivos de
comunicación durante sus primeros años ha disminuido sensiblemente.
Los rebeldes han dejado de ser noticia cotidiana. Hay quien incluso
anuncia con beneplácito su extinción.
Por supuesto, eso no
es cierto. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)
sigue siendo una fuerza política muy relevante dentro y fuera del
país. Sin embargo, la atención que atrajo el resplandor de sus
fusiles se ha diluido ante la epopeya de construir desde abajo y sin
pedir permiso, contra y viento y marea, otro mundo.
Muchos libros, tesis
y reportajes –algunos muy buenos– se escribieron de la
insurrección indígena del sureste mexicano. Muy pocos se han
elaborado acerca de la hazaña rebelde de construir un gobierno y un
sistema de justicia autónomos en un amplio territorio bajo su
control. Aunque miles de personas han visitado y vivido en las
comunidades zapatistas durante lapsos variados de tiempo, no abunda
la literatura que dé cuenta de lo que allí sucede.
Ciertamente, hay
algunos trabajos muy notables que dan cuenta de los avatares del
proyecto de educación rebelde, de sus experiencias de organización
colectiva para la producción en las tierras ocupadas o del impacto
de su proyecto autonómico en las luchas de los pueblos indios. Sin
embargo, comparados con el boom intelectual que acompañó
el levantamiento armado, los que analizan y documentan el día a día
de hacer autogobierno son más bien escasos.
Uno de esos libros
es Justicia autónoma zapatista: zona selva tzeltal, de la
doctora Paulina Fernández Christlieb. No es un trabajo más, sino,
con mucho, la investigación más completa y documentada sobre la
forma en que se imparte justicia en cuatro municipios zapatistas.
Justicia
autónoma zapatista: zona selva tzeltal es un trabajo colectivo
con colectivos, que recoge las voces de las bases de apoyo rebeldes.
Muy lejos de un ensayo académico clásico, el libro hace una
apasionante radiografía de la construcción de instituciones de
gobierno y de justicia alternativas paridas desde las entrañas de
las comunidades rebeldes, a contracorriente de las lógicas de poder.
Esas instituciones,
presentes ya en el levantamiento de enero de 1994 y en las leyes que
se dio, comenzaron a tomar forma acabada a raíz de una traición
gubernamental. El 16 de febrero de 1996 el gobierno federal firmó
con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) los
acuerdos de San Andrés sobre derecho y cultura indígenas. Sin
embargo, el Estado mexicano en pleno (sus tres poderes) traicionó su
palabra y se negó a convertirlos en leyes. Lejos de amilanarse, los
rebeldes decidieron llevarlos a la práctica, sin las restricciones a
las que la negociación obligó.
Lo han hecho, sobre
todo, en el territorio autónomo establecido sobre las miles de
hectáreas ocupadas a partir de 1994, y repartidas para trabajarlas
en beneficio colectivo. Sobre este espacio en disputa se han
construido tres espacios de administración: las comunidades, los
municipios autónomos rebeldes zapatistas (MAREZ) y las juntas de
buen gobierno. Sus competencias se diferencian por la complejidad de
las problemáticas que cada una de ellas debe resolver. Es allí
donde se ejerce justicia, requerida no sólo por los rebeldes, sino
también, sorprendentemente, por quienes no lo son. Justicia
autónoma zapatista: zona selva tzeltal narra y analiza ese
desafío.
Paulina Fernández
confiesa que su libro tiene un doble propósito. El primero es
mostrar la capacidad de los pueblos indígenas zapatistas para
construir un proyecto de vida autónoma sobre este espacio en
disputa, de gobierno y de justicia, alternativas a las dominantes en
México.
Está de moda la
idealización académica de la finca. Algunos estudios la presentan
como un espacio de convivencia armónico entre mozos acasillados y
dueños de la tierra. A través de los testimonios de quienes
padecieron la explotación salvaje de esta unidad productiva y de sus
descendientes, Justicia autónoma zapatista: zona selva tezeltal
desmistifica esta visión.
“Para quienes
nacieron y trabajaron en aquellas fincas –escribe Paulina
Fernández–, lo que todavía importa a esos viejitos y viejitas son
los tratos de animales que les daban, son los golpes de látigo que
recibían de castigo. Son las jornadas de más de 12 horas sin pago,
son los kilómetros que hay entre la finca y la ciudad hasta donde
tenían que llegar y desde donde tenían que traer carga sobre sus
espaldas.”
De esa experiencia
humillante, de la vida dejada en las fincas, del abuso de las
mujeres, nacieron el coraje y la obligación de cambiar la cosas, la
voluntad de rebelarse contra un orden no solamente injusto, sino
indigno.
En plena era de
golpes blandos contra gobiernos progresistas en América Latina, de
desencanto con la política institucional en franjas cada vez más
amplias de la población y de agudización de las políticas de
despojo contra los bienes comunes, la experiencia narrada y analizada
en Justicia autónoma zapatista: zona selva tezeltal adquiere
enorme relevancia. Lo que las bases zapatistas narran en el libro no
son ideas abstractas a realizar, sino un otro mundo que se está
construyendo.
Justicia
autónoma zapatista: zona selva tezeltal es un libro
imprescindible, no sólo para comprender lo que el zapatismo es hoy,
sino lo que la lucha por la emancipación puede ser.






No hay comentarios.:
Publicar un comentario